Cuando la Erística sustituye al diálogo
- Escrito por Laura Ramos Martínez
- Publicado en Tribuna Libre
Atendiendo a su propia etimología del griego (διαλογοσ) diálogo se compone de día cuyo significado es dos y lógos que significa palabra. Podríamos dilucidar entonces que es la palabra que se intercambia como mínimo entre dos personas.
¿Pero es únicamente eso? reducirlo a un simple intercambio de palabras me parece que sustrae la gran riqueza que el diálogo tiene en sí mismo. Un elemento que permite no sólo la articulación de palabras si no la comunicación. Una capacidad intrínsecamente del género humano, lo que nos hace diferentes a los demás seres vivos. Una herramienta que es signo del tiempo en el que se vive, representa por ello la realidad en la que estamos insertos. Nos encontramos en la actualidad ante la enfermedad sistémica que el gran Schopenhauer enmarcaría en la erística o el arte de tener razón. Parafraseando dicha obra inclusa del autor encontramos extractos como este “Quien discute no combate en pro de la verdad, si no de sus tesis”1. Por tanto, no extraña que en muchos casos se haya sustituido el diálogo, la oratoria y la dialéctica en el sentido más puro de estos términos por una especie de soliloquio donde no solo cada uno alza la voz sobre el otro si no que convierte el acto mismo del diálogo en una imposición de ideas.
Ya acuño la estudiosa Chiara Lubich2 el momento actual como “noche cultural” y por tanto a posteriori una “noche del diálogo” invitando a redescubrirlo.
¿Se ha perdido el diálogo? ¿Dónde ha ido? en las últimas semanas estamos siendo testigos en directo de esta perdida. Espectadores de primera fila de un acontecimiento que supone una pandemia a la intelectualidad de la sociedad.
Esta palabra, diálogo está siendo manoseada hasta la saciedad desde los medios de comunicación a la clase política e incluso por la monarquía. Todos hablan de ella, todos enuncian sus cualidades, pero nadie es capaz de pararse a tratarla con cariño, con interés o como el arma poderosa que es para conseguir un consenso.
“Veritas est in puteo”3 (La verdad está en lo profundo) ocurre que dos que discuten o dialogan apasionadamente, tras ello en ocasiones regresan a casa cada uno por su lado pero con parte de la opinión del otro, han hecho por tanto un intercambio que es una parte fundamental del diálogo. Pero eso en esta globalidad digital apenas ocurre ya o cada vez es menos frecuente. Nos hemos quedado con la peor parte de esta superlativa comunicación global, nos hemos quedado solos.
El diálogo es por tanto un ejercicio que requiere también de voluntad y de empatía a partes iguales. El diálogo es por tanto un acto de puro respecto entre las partes que lo llevan a cabo.
Si hasta aquí parece evidente la supremacía que debiera tener el diálogo en la comunicación ¿porque sentimos la sensación de que está perdido?, de que cada vez ese hilo conductor entre emisor y receptor si queremos verlo de ese modo es prácticamente inexistente. En mi más humilde opinión es un problema educacional al tiempo que emocional.
Hemos perdido la capacidad del asombro, en líneas generales. Convirtiendo a las pequeñas semillas que son los niños en meros sujetos pasivos de su infancia, en hijos desgraciados de su tiempo. Una infancia que se desarrolla en “Streming” a una velocidad que les roba descaradamente la lentitud, la capacidad de observación y por ende el diálogo con ellos mismos, con sus progenitores, con sus educadores, con sus amigos, con su entorno. Esto da como productos individuos que son incapaces de comunicarse a todos los niveles. Desde el familiar como unidad básica lo que se extrapola a la sociedad en sí misma.
Personas que han olvidado en la mesita de noche repleta de prisas y soledad la importancia de la palabra, el poder mágico del diálogo.
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1Shopenhauer, A. (1864) El Arte de tener razón: Expuesto en 38 estratagemas.
2Lubich, C. (2006) Mensaje al Volutnarifest (Conferencia) Budapest.
3Dicho de Demócrito (Diógenes Laercio IX,72)