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Los aconsejables consejos


(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)

Hay distintas maneras de eliminar a la cultura de proximidad, al menos de quitarle peso entre los vecinos y la sociedad.

La primera es la de sustitución, es decir, eliminando el desarrollo participativo de los vecinos de una comunidad mediante la potenciación de actividades dedicadas a otro sector artístico o en exclusiva a una determinada edad. Si solo se potencia en un pueblo o barrio las aulas con las clases de historia del arte o las actividades en edades tempranas como cuentacuentos, no extingo el hecho cultural de un pueblo o barrio, pero no hago partícipe a un amplio porcentaje de los vecinos, ya que sus intereses son más amplios y diversificados. El político adquiere la responsabilidad de otorgar lo que quiere, cuando y cuanto quiere, pero sin contar con el quiero de los vecinos. De esta forma se convierte en un ser manipulador y un todopoderoso en ejercicio. Una especie de pequeña sección del Rey Sol en formato cultura de proximidad: “La cultura de base soy yo”

La segunda es la extorsión, quizá la más terrible, es la originada por y con la colaboración del vandalismo. En cualquier feria, fiesta o evento, la mejor excusa para la clausura es, sin duda, las peleas, el destrozo, la eliminación de la necesaria armonía que lleva consigo la cultura. Hay seres que les encanta romper, destrozar, robar…, les da lo mismo que sea una iglesia que la caseta de una feria. Los antisistema adiestrados, que son los que ejercen por mandato de manipuladores extorsionistas. Los boicoteadores y como no, los amigos de lo ajeno. Muchas veces por necesidad real.

La tercera y sugerente manera de eliminar la cultura sería por una cuestión de carencia. No es posible hacer ciertos eventos por no tener el espacio idóneo o por contar con poco espacio. Una biblioteca pública no puede funcionar si el espacio está remodelándose durante tres años y nadie piensa que debe ser sustituido ese espacio cerrado por obras por una biblioteca móvil. No se puede hacer un montaje escénico en un espacio donde no se puede clavar nada, donde existen una escasa iluminación o el horario impide el desarrollo total del evento. Sí, no sería la primera vez que se corta un concierto en un Centro Cultural distrital, porque son las 9 de la noche y el encargado del espacio cultural municipal se tiene que ir a casa.

Por último tenemos la de ocupación. Si los gestores ocupan los espacios dedicados a la cultura o los dedican a otros asuntos no públicos. El municipio ganará un dinero extra, pero el vecino, que paga sus impuestos para recibir aquello que le interesa y no afecta al normal funcionamientos de la sociedad, se le priva de ello.

Pienso en el espacio que existe entre el Paseo de la Castellana y el museo deportivo del Club Real Madrid. Allí, con objeto de dispersar los eventos culturales, se comenzó a llevar a cabo distintos actos culturales, lo mismo que en otros espacios de ese distrito como: los Jardines de Gloria Fuertes, Plaza de Prosperidad…

Sin contar con nadie el Ayuntamiento cede ese espacio por 40 años a una organización afín al equipo para mercadear y por el que va a percibir el Ayuntamiento sus buenos dineritos.

Otra forma es, también sin consultar con nadie, el Ayuntamiento permite el desarrollo urbanístico de una zona sin aprobar el habilitar espacios y equipamientos culturales como los hoteles de asociaciones, auditorios o Centros Culturales de Cercanía. Tampoco piensa en el desarrollo sociocultural de la zona o barrio ni de la integración cultural de sus vecinos. No les ofrecen herramientas de integración y así, rompen la posibilidad de integración inmediata y de las distintas fórmulas de expresión común y desarrollo cultural.

Es la formulación contraria a la nefanda situación que sobrevive en la España vaciada. ¿Quién recordará el idioma o dialecto que se emplea en pueblos como San Martín de Trevejo o Eljas, en el valle de Jálama, al noroeste de la provincia de Cáceres, frontera con Portugal y la provincia de Salamanca. Puede que apenas lleguen tres mil personas a hablar la lengua “Fala”, dialecto del subgrupo galaicoportugués, si sigue la despoblación, en diez años estará en el recuerdo de unos pocos y en una nota en Facebook.

No acertamos a entender si es a causa de la molicie de los gestores o la simple censura que siempre han manifestado aquellos que mantienen el poder por el miedo.

Solo se suele salvar la relacionada con la cultura religiosa. Salvo cuando no desaparece de una iglesia un relicario como si fuera una remolacha o los amigos de la beligerancia patrimonial destrozan una iglesia como la de Cobeña, pero, sin ir más lejos, el Ayuntamiento de la capital ha ofrecido porteadores para procesionar durante la Semana Santa, así es, un grupo de bomberos, algunos durante su jornada laboral han sacado a hombros ciertos “Pasos”, y los hemos pagado entre todos, se calcula que unos 800 euros por participante. Parafraseando a Shakira: la cultura religiosa ya no llora, factura.

Al vecino se le sustrae el más elemental derecho a la cultura por varias vías, la mayor parte de ellas es para engordar el silencio artístico y creativo. Aunque, como podemos apreciar, de un solo toque se puede hacer carambola: mantener la censura, silenciar a los vecinos y, por supuesto, sacar unos cuantos miles de euros.

Pero los jueces no tienen en cuenta el derecho a la cultura de los vecinos. No valoran que sin una cultura de proximidad se pierde el arraigo, en ocasiones, esta falta genera una situación de odio y crispación contra la sociedad y los responsables de esta ausencia injustificada y mercantilista y van haciendo vulnerable a la población sin este sustrato. Los vecinos se revuelven al ver su desamparo y los jóvenes terminan en bandas o en manadas. Entonces los jueces juzgan, condenan pero siguen sin percibir el descontrol, el desgobierno y la falta de infraestructuras que llevan a cabo con sus impuestos los Ayuntamientos. Ellos nunca son sancionados.

Y me sigo preguntando, ¿para cuándo vamos a poder tener en pueblos y distritos un Consejo vecinal de Cultura?

No, no hablo de cosas raras. Sé que algunas personas creerán que pertenezco a la fraternidad de los orates, pero hay consejos de educación en los distritos, existen, también en los distritos los consejos de seguridad y hasta hace pocos años existían consejos de salud.

Creo que sería una buena práctica para el desarrollo social de pueblos y ciudades el volver al cauce de la transparencia y de la toma de decisiones compartida. Caso contrario, diría que nos alejamos de los principios sociales básicos y entramos en la manipulación de conceptos, criterios, opiniones. Al menos las administraciones de proximidad a los vecinos deberían seguir siendo participativas. Caso contrario algunos vecinos empezamos a pensar que no sabemos que hacemos en nuestro lugar de residencia.

Algunas personas nos planteamos que la España vaciada no está hecha al azar, parece muy bien orquestada, parece bueno tener al vecino en amplios rediles, sin escapatoria y sin procedimientos para poder ser escuchada su opinión. Volvemos al clásico: “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo” En el más rancio recuerdo del despotismo ilustrado y sin lustre. Frase que no sé quién la dijo, pero hay que reconocer que tenía un ojo excepcional. Desde siempre el ser humano, para sentirse feliz ha tenido que usar la bota en el cuello ajeno, cuando no es el racismo se trata del esclavismo y cuando parece que lo superamos nos llega desde el rincón más profundo de nuestros genes el machismo, el edadismo, la infantilización de la clase política hacia el electorado...

Para cuando vamos a comenzar a tratarnos de tu a tu, con sana predisposición hacia lo social y proteger lo que es de todos para evitar que la Inteligencia no tan artificial nos siga fagocitando, privatizando y ninguneando.

No sé yo, se empieza por anular a los creadores y se terminan con el, “si bwana”.

 

Ergónomo PhD. Profesor del Master Prevención de Riesgos Laborales en Suffolk University Campus Madrid. Sindicalista. Dramaturgo y Escritor. Vicepresidente del Colectivo de Artistas Liberalia. Guionista y conductor de los programas de radio: Mayores con reparos, Salud y Resistencia y El Llavero.


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