¡De Cervantes a la importancia de la lectura para la Salud Mental!
- Escrito por Pedro Nogueira Simões y Suzana Medeiros
- Publicado en Tribuna Libre
De tanto leer e imaginar, me alejé de la
realidad hasta el punto de no poder
distinguir en qué dimensión vivo
– Don Quijote de la Mancha/Miguel de Cervantes
Con el fenómeno de la escritura, mediante el surgimiento de este instrumento fundamental en el desarrollo intelectual y espiritual, como lo es el libro, se permitió al ser humano registrar su historia, y difundir las mismas historias por todo el mundo, así como las distintas realidades, personas y culturas, sin tener que salir del lugar, tiempo y contexto donde se inserta.
Inevitablemente a este producto intelectual, por la necesidad de las personas de conservar conocimientos y transmitirlos de generación en generación, el acto mismo de leer se ha vuelto fundamental no sólo para comprender el valor cultural e histórico de lo que aquí nos ocupa, sino también por cierto entendemos la continuación de la difusión del conocimiento.
Y como una forma de incentivar el acto mismo de leer en este mes de abril, concretamente el 23 de abril de cada año, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) en 1995 instituyó precisamente un conmemorativo y simbólico Día Mundial del Libro. Tal día no debe desvincularse del homenaje a grandes referentes de la literatura mundial, fallecidos precisamente en esa fecha, a saber, el inglés William Shakespeare y el español Miguel de Cervantes.
En concreto, considerado por muchos como el libro más vendido de la historia, Don Quijote, de Miguel Cervantes, se considera una obra literaria que retrata irónicamente a la España Imperial, donde narra una cierta confusión por parte de ese caballero, entre la realidad y un mundo de fantasía creado por la imaginación.
Siempre en compañía de su fiel escudero, Sancho Panza, esta historia de un hidalgo rural, D. Alonso Quijano, que, habiendo leído demasiados libros de caballerías, se identificó tanto con ellos, transmuta en realidad la ficción literaria, abandonando la casa y granja, elige un nombre de caballería y se lanza a recorrer los alrededores a caballo, precisamente la “Mancha”.
En términos generales, todos los resultados provienen de factores antecedentes, y la propia vida del creador de “Caballero de la Triste Figura”, hace correr el riesgo de que, al escribir tal obra, se sirviera de un recurso para escapar de su propia realidad, ya que en ese momento Miguel de Cervantes se encontraba en prisión y sin recursos económicos, y su vida se caracterizó por inmensos viajes y vivencias en determinadas tierras (Valladolid, Sevilla, Madrid, Granada, Roma, Túnez, Palermo, entre otras).
Además de una forma de dar sentido y hacer justicia a su pasado, que a su vez estuvo lleno de conflictos... entonces la literatura sería su vía de escape... de paso, hay que decir que tal recurso es habitual en literatura. El mismo romanticismo posterior también estuvo marcado por el escapismo, o incluso en el modernismo como singularmente Manuel Bandeira, presenta una ciudad idealizada como una solución a los problemas, una especie de refugio, un lugar maravilloso – tal como, en la narrativa de Cervantes, en una obsesión por un mundo maravilloso – que sólo existe en la imaginación del poeta – donde sólo hay lugar para los placeres de la vida y para la libertad.
Vou-me embora pra Pasárgada
Aqui eu não sou feliz
Lá a existência é uma aventura
De tal modo inconsequente
Que Joana a Louca de Espanha
Rainha e falsa demente
Vem a ser contraparente
Da nora que nunca tive
Pero bien sabemos que la disociación de la realidad, sin embargo, va más allá de las obras de ficción. Dicho esto, si pudiéramos, y aun recurriendo a la obra de Cervantes, ver los diferentes puntos de vista que existían en la visión del personaje principal, de un mundo idealizado, deificado, que se contrapone a la forma en que lo hace su compañero, “Sancho Panza”, lo percibe, ahora en su forma real y pasiva de incumplimientos e inconclusas – los conflictos vuelven a ser evidentes, entre las formas de ver las cosas, tales situaciones y recursos de escape, se pueden observar en los tiempos actuales, en un simple publicación en redes sociales, o en busca de un romance perfecto.
Llegados aquí, es indiscutible preguntarse: ¿Tiene razón Cervantes cuando dice que, de tanto leer, se alejó de la realidad y se acercó a la locura, o, por el contrario, tal hábito tiene un efecto crucial en la propia salud mental?
La primera hipótesis puede tener sentido, pero los estudios apuntan en la dirección opuesta...
Según las investigaciones más recientes, por ejemplo, en un estudio realizado por la Universidad de Sussex – Inglaterra, seis minutos de lectura al día ya alivia el estrés y la tensión. Es decir, independientemente de que los lectores busquen información, conocimiento, diversión o incluso una “válvula de escape”, entre muchas otras razones, lo importante es saber que esta práctica brinda múltiples beneficios para la mente y el cuerpo.
Por regla general, la lectura mejora el funcionamiento cerebral, desarrolla el pensamiento crítico, estimula la imaginación, amplía el conocimiento, enriquece el vocabulario y la escritura. De hecho, en muchos casos, enseñar a leer a nuestros hijos desde pequeños les ayuda incluso a mejorar una situación de déficit de atención…
Igualmente, crucial será la correcta identificación de determinados problemas a nivel psicológico, y tras una correcta valoración – por ejemplo, ansiedad o depresión – señalar textos, literarios o no, con capacidad incluso terapéutica, sugiriendo la literatura y su posterior interpretación, centrándose en los sentimientos y las percepciones que surgen del relato... este arte de la lectura es evidentemente terapéutico, ya que fomenta esencialmente las emociones a través de la identificación del lector con los personajes para armonizar los sentimientos adversos, en forma de catarsis.
Es un proceso liberador que, a través de la comprensión de la propia narrativa, del contexto, así como de la propia interpretación, la teatralización de la historia y el reencuentro con nuestro propio ser, hace de este talento algo único. De modo que la lectura no es necesaria para ser mejor que los demás, sino simplemente para serlo.