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Las artes escénicas


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

Según haces el vieje de la vida vas viendo como tus objetivos mutan, cambian, de alguna forma se acondicionan a ese nuevo entorno. Podría decirse que esa maleta que nos acompaña, con el pasar del tiempo y la proximidad de nuevos acontecimientos, va cambiando lo que allí se guarda. Lo mismo ocurre a lo largo de nuestras vidas. Cuando niño, el neceser que te acompaña es pequeño, a penas con un cepillo de dientes y una pastilla de jabón, cubres las necesidades básicas. En cambio en la senectud transportamos la oficina de farmacia a nuestras espaldas. Más que una maleta es el Dioscórides.

En la actualidad, como miembro de la Academia de las Artes Escénicas, comienzo a ver las ciudades de otra manera. El nuevo urbanismo que se me plantea me lleva a entender que las ciudades y pueblos deberían ser contenedores de cultura, posiblemente contenedores ambulantes de cultura, me explico; el posibilitar que lo que en los espacios dedicados al espectáculo puedan albergar aquí y allá, puedan ser vistos en el resto de pueblos y ciudades de una región. El carro de las artes no debe parar, tiene la obligación de girar y llegar a cualquier sitio. Las artes escénicas no se pueden conservar en bibliotecas.

Para ello deberíamos contar con la complicidad de nuestros regidores. Ellos, que ahora en época electoral, deberían mostrarnos el camino que piensan tomar, cada equipo, cada partido o coalición de cara al desarrollo de las artes escénicas.

Para empezar con buen pie deberían contar con gestores culturales públicos, ellos deberían estudiar cada barrio, distrito, pueblo, comarca. Analizar sus necesidades culturales y desarrollar un mapa cultural en el que se incluyan edades de los públicos, intereses culturales de esos públicos potenciales, espacios donde albergar esos Centros Culturales Comunitarios. Es una labor de planificación similar a la urbanística, en realidad es la de crear un tejido cultural de primer nivel. Los Centros Culturales de segundo nivel ya existen y por supuesto que, en base al estudio realizado por los gestores culturales, saber cuántos más se deberían crear. No entro en si la gestión debiera ser pública o privada, aunque deberíamos sacar el jugo a lo público, como es lógico, ya que lo público es de todos, con todos y para todos los públicos, edades y pareceres.

Las artes en general deberían ser el objetivo principal en las políticas de todo político.

Se me ocurre que la división de estos Coliseos debería ser: el Teatro, que etimológicamente significa: lugar para mirar. El Auditorio o lugar donde escuchar y un tercero y fundamental. El Aula, el lugar donde aprender, las necesarias escuelas de formación artística. La formación artística en los humanos no indica que las personas cuando alcanzan la edad del laboro vayan a dedicarse a esa expresión artística elegida de por vida. Ocurre que los humanos necesitamos del arte para profundizar en nosotros mismos y nuestras emociones, comprender nuestro entorno, asimilar los cambios y hasta predecirlos. Conocer los caminos del arte y los distintos movimientos artísticos no es una pérdida de tiempo, es lo mismo que conocer las lenguas mal llamadas muertas. En ellas está el origen de nuestra lengua presente y la futura.

Los pueblos perduran por su engranaje con la cultura. Un pueblo culto es más difícil de ser manipulado por las estrategias de la mercadotecnia. No pueden las emociones sustituir a la razón.

El pueblo deja de ser populacho cuando corta las cuerdas que le hacen títere y la marioneta comienza a caminar sola y tener opinión propia.

Caigo en la cuenta de que algunos partidos políticos puede que se alejen de estas necesidades de los humanos. Pudiera ser que su objetivo final fuera la manipulación de los ciudadanos y no la gestión de lo público para la mejora social.

Por tal motivo no profundizan en desarrollar procedimiento de mejora cultural y artística. Los Centros Culturales tienen el mismo ideario que en el momento de su creación, hace 40 años. Pero la población ha cambiado, la sociedad ha cambiado y los espacios siguen anclados en el pasado.

Ya cuando se crearon eran una burda imitación de lo que en esos espacios se venía haciendo. Amigas como Alicia Hermida, comprometidas con el desarrollo cultural, cedían su tiempo en aras del desarrollo cultural de la sociedad y preparaban a grupos de futuros actores en una antigua escuela de Mandos que luego se convirtió en Centro Cultural, el mismo lugar donde Paracelso, un grupo de música de barrio, ganó dos años seguidos el certamen de grupos musicales de la Villa y corte y los hermanos Monzón, tras muchos años enganchados en el carro de las artes, siguen haciendo disfrutar al respetable. Sí, he dicho respetable, aunque ya conocemos el dicho: dime de qué presumes y te diré quién te ningunea.

En una palabra; si no estructuramos la sociedad encuadrada en un urbanismo cultural, estamos expuestos a dejar de serlo. Seguiremos viviendo, paseando, comiendo y comprando en nuestros pueblos, comarcas, barrios y distritos, pero no podremos ser considerados sociedad, ya que no tendremos nexos de unión y filiación a unos principios culturales, seremos ciudadanos zombis, desestructurados, pero convencidos de nuestra pertenencia a algún estamento, quizá el del márquetin.

Debemos, pues, sobreponernos a este estado de confusión en el que hemos caído por desidia y comenzar a crear herramientas que nos sirvan para demostrar a los que nos apabullan y demostrarnos a nosotros mismos que nos faltan por cubrir ciertas necesidades culturales. Podría ser el momento de comenzar a estructurar un Observatorio Regional de la Cultura de base. En él, los ciudadanos de cada pueblo y barrio, podrían ir aportando el número de espectáculos relacionados con las artes escénicas y plásticas que se hacen semana a semana en sus lugares de residencia, así como con el número de contenedores culturales que cada uno de ellos cuenta, etc.

Saber, como no, los costes de cada espectáculo: sueldos y aseguramiento de los trabajadores de las artes, o si trabajan por amor al arte, cosa demasiado abundante en nuestros espacios culturales. Hay políticos que piensan que los artistas y creadores viven de respirar el aire contaminado y que la contaminación sonora les inspira.

Podríamos llevarnos una sorpresa y valorar que pueblos, barrios, distritos y comarcas estamos desasistidos culturalmente y que los espectáculos son el producto de voluntarios de las artes que poco o nada perciben por su actividad.

Con vuestro permiso, voy a ponerme manos a la obra. ¿Alguna persona que me lea quiere colaborar con la creación de un Observatorio de la Cultura de base?

 

Ergónomo PhD. Profesor del Master Prevención de Riesgos Laborales en Suffolk University Campus Madrid. Sindicalista. Dramaturgo y Escritor. Vicepresidente del Colectivo de Artistas Liberalia. Guionista y conductor de los programas de radio: Mayores con reparos, Salud y Resistencia y El Llavero.


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