España no consigue ilustrarse
- Escrito por Marcos Ferrero
- Publicado en Tribuna Libre
España se tiñe nuevamente de azul en sentido político tras las autonómicas del 28M incluso con mayorías absolutas y pactos de extrema derecha. Pero si hablamos del término mayorías no podemos ignorar que las sociedades tales como las conocemos se establecen en clases sociales, y la mayoría social de cualquier país es de clase trabajadora. Por tanto: ¿qué le ocurre a la clase trabajadora para traicionarse y negarse así misma sistemáticamente y aliarse con las élites que les maltrata y explota?
Podríamos intentar justificar que en este giro nuevamente de nuestro país a la derecha ha influido que si ciertos pactos con determinados grupos políticos, que si independentismos, que si Bildu, o que el PSOE es un traidor de clase, o que la izquierda no se entiende y siempre está fragmentada, pero la problemática estriba en un lugar más profundo.
Obviamente esta misma paradoja ocurre también a nivel global, por lo que se puede extrapolar a cualquier sociedad, aunque a nosotros aquí nos interesa hablar de nuestro país. España pertenece a la comunidad europea y por ende al grupo de países avanzados y herederos de la Democracia de la antigua Grecia y el Derecho romano, el Renacimiento y la Ilustración, por consiguiente somos responsables de continuar el legado y seguir contribuyendo en el mantenimiento, reformas y construcción del proyecto de civilización occidental, pero España no es igual a sus países homólogos, siempre va con retraso respecto a esta herencia debido fundamentalmente al lastre de sus absolutismos y dictaduras. Valle Inclán decía al respecto que “España es una deformación de la civilización europea”. Podríamos decir que somos evidentemente un país avanzado respecto a otros conjuntos sociales internacionales pero no al mismo nivel que nuestros países hermanos que es lo que nos debemos exigir. Igualmente en los países más avanzados la clase trabajadora también se renuncia políticamente así misma con lo que la reducción al absurdo en sentido político no parece que sea una problemática meramente española (eso sí, aquí la cosa ya es berlanguiana) sino de clase e identidad, pero, ¿con qué, quién o quiénes se identifica una persona de clase trabajadora para votar? Por una cuestión lógica debería identificarse con su propia clase y no con los ricos y élites que les maltrata y explota. Pero precisamente el problema rompe la lógica y la razón y se despliega el irracionalismo que una vez más se plasma en las urnas. ¿Por qué? Sin duda esta problemática sociológica, política y psicológica no es nueva y sin salir del asombro sigue habiendo claros motivos para continuar estudiándola.
Los antiguos griegos no dejaban votar a los esclavos porque no eran libres, solo votaban los hombres libres que a su vez eran amos y propietarios de esclavos hoy día trabajadores. De modo parecido los ilustrados de la Ilustración discutían sobre si los trabajadores debían votar, y argumentaban y con razón, que para una decisión de consecuencias para todos no se podía depender económicamente de un patrón o amo (otra persona) pues este voto no sería nunca un voto libre, sino un voto a favor de los intereses de la persona de la que se depende (amo, empresa o patronal). Pero si por estas razones los griegos no dejaban votar a los esclavos y con razones parecidas lo discutían también los ilustrados en el siglo XVIII, ¿por qué veinticinco siglos después de los primeros y tres de éstos últimos sigue sin tenerse claro que el voto del obrero es tan poco libre como la firma de un contrato de trabajo? Si hemos alcanzado la supuesta libertad y con ella el sufragio universal o viceversa, ¿por qué el obrero en lugar de comportarse responsable y libremente se sigue negando así mismo y comportando como un esclavo o un menor de edad cediendo su voto en beneficio de la patronal y no en el suyo propio? ¿El obrero lleva tantos siglos esclavizado que le da miedo la libertad y por ello inconscientemente cede su voto a los amos en lugar de utilizarlo para alcanzar su dignidad y libertad?
El pueblo español ha vuelto a hacer de la democracia una reducción al absurdo y ha votado que no hacen falta dictaduras de derechas para oprimirle, ya que la gente parezca disfrutar con la esclavitud, por no decir que siguen teniendo mentalidad y sentíres de esclavos junto a una clamorosa ignorancia política y cultural y por ende una gran alienación. Las urnas autonómicas reflejan que la mayoría de la gente ha votado que no quiere avances sociales y construir un cada vez mejor Estado de Derecho y Democracia de mayor calidad, prefieren permanecer en la oscuridad del medioevo, eso sí, repleto de tecnología. Han votado que no quieren sanidad pública y prefieren morirse cuando enfermen como en EEUU, o con suerte endeudarse de por vida, tampoco quieren dignidad salarial y por tanto de vida, no quieren estabilidad laboral con contratos fijos, prefieren precariedad y no quieren pagas extras, prefieren que se la vuelvan a quitar como en la crisis del 2008. La gente quiere recortes de derechos, no quiere poder acceder a una vivienda digna, prefieren soñar con especular algún día con ella, quiere que las energéticas les robe obscenamente en las facturas y que nadie intervenga, no quiere poder poner la calefacción ni la lavadora, y quiere pagar oro por la leche y el pan, no quiere una educación de calidad para sus hijos, prefiere pagar obligatorias cuotas chantajistas e ilegales en dinero B en colegios concertados y que les alimenten a base de pizza y comida basura, tampoco quiere que se trate con respeto y dignidad a los mayores ni que se suban y garanticen las pensiones, no quieren respetar el medio ambiente y prefiere secar Doñana. La gente no quiere dignidad ni ilustración. Quiere esclavitud y corrupción. Quiere el esperpento. No lo digo yo, lo dice la mayoría trabajadora en las urnas.
España no quiere Ilustrarse, como decía Valle Inclán “en España el trabajo y la inteligencia siempre se han visto menospreciados (…) el mérito no se premia, se premia el robar y el ser sinvergüenza”, por eso leen, escuchan y siguen, admiran y votan a mediocres y corruptos en lugar de a virtuosos e ilustrados, porque quizá así todos podemos ser sinvergüenzas. Un mediocre no puede admirar a un virtuoso o ilustrado, solo puede admirar a otro mediocre o un corrupto. La identidad española y global no está rellena de nobles y dignas aspiraciones, está repleta de alienación y corrupción, simbolismos de delirio y violencia. El individuo no deja de ser parte de una masa colectiva, y una masa colectiva mediocre sin Ilustración y sin conciencia de clase solo puede identificarse con lo contrario a lo que le conviene así misma como individuo y colectivo.
Una persona que quiere crecer y mejorar identifica la lucidez y la virtud, la imita y reclama. Una sociedad que quiere aprender, crecer y mejorar, es una sociedad que reclama a los más virtuosos e ilustrados. Por el contrario una persona mediocre jamás entenderá a un lúcido, al contrario, le aburre y lo rechaza. Los mediocres por lo general suelen negar que lo son, ya que de adquirir tal conciencia pondrían manos a la obra de inmediato y trabajarían día y noche para ilustrarse y abandonar la mediocridad, pero aunque lo reconozcan no se sienten avergonzados y exigen poder serlo e imponen sus deseos y pasiones las cuales se identifican con esa élite corrupta igual de mediocre a la que reclaman. Por estas y muchas otras razones no solo nunca aprenderá ni mejorará sino que desdeña la virtud e ilustración, solo identifica la mediocridad y aspira a la corrupción. Por tanto un pueblo mediocre solo puede reclamar en todas las esferas a los más mediocres y corruptos desdeñando cualquier atisbo de lucidez y virtuosismo.
Ni España ni el Mundo quiere ilustrarse y alcanzar la exquisita virtud, dignidad y libertad, prefieren la mediocridad, el delirio, la violencia, la esclavitud y la corrupción.