La política como profesión
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Estoy releyendo a Weber, aprovechando una reedición de su obra “La política como profesión” (que no es un texto sencillo), que hizo hace unos meses la editorial Biblioteca Nueva, y que recomiendo a algunos de nuestros actuales líderes políticos.
La lectura hoy de Max Weber – decía Pere Vilanova – y de ese texto en concreto, nos puede dar la medida del tiempo intelectual transcurrido desde Weber, al páramo intelectual que muestran la mayoría de los líderes populistas de nuestros días por todo el orbe.
Este libro, como creo es bastante sabido, es el resultado de una conferencia pronunciada en Munich, en enero de 1919. Después de una primera parte, dedicada a plantear algo tan esencial para un científico social, como es el contexto histórico, el texto analiza la idea de “profesión”, para posteriormente estudiar la ética o, si se prefiere, la ética de la actividad política, la relación entre pensamiento y acción. Leer o releer hoy a Weber, le hace a uno sentirse modesto, porque te da la sensación de que ya él dijo lo esencial sobre la cuestión.
Recuerdo que mi estimado Raymond Aron, ya escribió en su día, que hay un vínculo muy importante entre Weber y la sacralización del Estado y sus funciones, así como su teórica “desvinculación”, de cuestiones morales o religiosas.
En esta reedición, un excelente especialista en Max Weber como es Joaquín Abellán, publica un estupendo estudio introductorio sobre Weber y su texto. Una de las cuestiones más útiles de esta introducción - para un lector no germano parlante - es, en mi opinión, las aclaraciones que nos aporta sobre el término “beruf”, concepto alemán de “profesión”.
La traducción al castellano de “beruf”, que da título a las conferencias de Weber sobre la ciencia y la política, no resulta en absoluto fácil, pues estamos ante un término alemán – explica Vilanova – con un contenido conceptual específico, que no encuentra un paralelismo exacto en castellano. La dificultad de la traducción se corresponde, precisamente, con la constatación de Weber de que “beruf” es un concepto, en cuya historia se registra un origen religioso protestante, que no tienen los términos con que se traduce “beruf”, a los idiomas del mundo católico.
Esta connotación religiosa de “beruf”, nos recuerda algo que a veces olvidamos, el papel sociológico que han desempeñado las religiones en Europa, desde el punto de vista de la conformación, de nuestras diversas culturas cívicas o políticas. Las religiones, como anhelos colectivos se desenvuelven entre el bien y el mal, designados en términos absolutos. Lo que es lo mismo que hablar del terreno de la no-racionalidad del mundo real de hoy, por muy laico que se intente presentar. Nos arrastramos actualmente tras emociones y esencialismos, entre el bien y el mal, entre el que no está conmigo está contra mi. Debatimos en política, como si lo estuviéramos haciendo en el campo estrictamente religioso, lanzándonos anatemas, fatuas y excomuniones. Nos olvidamos de Weber, y de que la ética de las convicciones, no siempre es la mejor guía para el político profesional.
Desde los años treinta del pasado siglo, quizá nunca había sido tan importante como hoy, releer y recordar a Weber, tener muy presente que la ética de las convicciones, deber ser siempre ponderada por la ética de las responsabilidades, que los valores supuestamente absolutos, deben adaptarse siempre a la “realidad” social heterogénea y pragmática.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.