Un deber
- Escrito por Gonzalo Moure
- Publicado en Tribuna Libre
Se acerca una fecha clave para la vida en nuestro país. Nunca he opinado públicamente ante unas elecciones, porque creo de verdad que las elecciones son una oportunidad para la oxigenación de la sociedad.
A un gobierno con mayor acento social y de progreso sucede otro más conservador y menos social. Nada que objetar. Porque lo que se avanza con uno se detiene con el otro, pero no se retrocede. Pero en esta ocasión hay señales oscuras en el horizonte; malas, muy malas vibraciones que auguran que todo el edificio puede estar en peligro.
En los años 30 el fascismo llegó a los gobiernos a través de elecciones, o de elecciones cuyo resultado no les gustó, como en el caso de España. Y el resultado fue el que fue, no es algo opinable: represión, censura, dictadura, intolerancia religiosa, asesinatos, y como colofón una guerra que costó 60 millones de muertos.
El fascismo triunfa cuando seduce a un buen sector de los jóvenes que luego alimentan las cifras de muertos, de presos. El fascismo empieza por atacar a los diferentes y acaba por atacar a los indiferentes.
Los avances sociales que han liberado a la mujer, que han hecho más soportable y mejor pagado el trabajo, que han supuesto derechos y libertades en todos los ámbitos de la vida, no están amenazados nunca por unas elecciones normales que, como mucho, pueden suponer un frenazo.
Pero cuando hay alguien dispuesto a borrar todos esos avances de un plumazo, entonces sí están en peligro. Y esto no es una llamada a la moderación, sino una alerta. En el año 33, hace exactamente 90 años, la derecha clásica alemana dio su venia al partido nazi, que llegaba avalado por muchos millones de votos.
No pasa nada, pensó el presidente Hindenburg, Hitler ha tenido un buen resultado, respetará la democracia, el sistema; no pasa nada si le doy el gobierno.
Los dos sumaban. Pasó, vaya si pasó. Algunos aún buscan, 90 años más tarde, los restos de sus abuelos en las cunetas. Por eso considero un deber, hoy, opinar.