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¿Teatro o taetro?


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Para todos los que piensan que la gestión de la cultura en sus pueblos y distritos es la censura, solo quiero explicar un hecho; la cultura basura se cae por su propio peso.

Corría el año 1976, la obra que se representaba en el teatro Muñoz Seca estaba haciendo una taquilla baja, a pesar de que el magnífico actor, ya desaparecido, Tony Valento, diariamente hacia el prodigio de llevar a cabo un largo e improvisado monólogo sobre la actualidad de España, el público reía mucho, pero la dirección del teatro pensó en montar otra obra de cara al invierno.

Era la época del destape en el amplio sentido de la palabra, el taco tenía que conseguir su sitio en la siguiente obra. ¿Cómo?: la primera escena era muy sencilla, dos hombres sacaban a un tercero a escena. Este último estaba seriamente perjudicado por el alcohol, debía de ser un tiarrón, los hombres que llevaban el cuerpo del galán, por el contrario, serían dos piltrafillas. Esa escena bien montada podía tener su gracia, unos cuantos gag a base de: tropezones, golpes, las lumbares al retortero, algunas exclamaciones y exabruptos del uno culpabilizando al otro del caos…

Se optó por poner más diálogo a la escena, a base de la proliferación de tacos. Mi compañero de reparto era un hombre mayor, enjuto y desprovisto de gracia a la hora de lanzar las aleluyas en forma de groserías. Yo, era lo que era, 50 kilos en canal y nula fuerza. La gracia la tenía muy contenida, creo que estaba enterrada y ahí sigue.

Tras una semana de intentos frustrados, lumbociática aguda y cambio de compañero de fatigas, la dirección optó por seguir unos meses más con aquel “Madrid, pecado mortal”, de Antonio D. Olano.

Moraleja: De donde no hay no se puede sacar.

Suele ser complicado escribir una escena para teatro, también lo es el montarla y dirigirla. Se tienen en cuenta muchos factores que no son el aprendizaje del texto, hay muchas intenciones, sutilezas que el público no suele ver desde la objetividad, pero sí entran a formar parte de su subjetividad, junto con el subtexto. La principal es el momento en que se pretende desarrollar la acción y a quien va dirigida la obra. Tempo y ritmo.

Cuando unos aprendices de magos cercenan de un plumazo el trabajo creativo de una función, simplemente porque no la entienden o la ven como algo que hiere sus sensibilidades, muchos comprendemos que los distintos ministerios de Cultura, durante estas décadas, han fracasado, porque el teatro es espejo de lo que ocurre en la sociedad, porque el teatro es mostrar lo que ocurre fuera de la escena y advertir de eso con mil formas distintas, si se entiende puede llamársele teatro y si no parece entenderse, que algo queda, Brecht lo llamaba Taetro. En aquellos años 70, montamos Los Justos, de A. Camus, hacíamos funciones en os sitios más inverosímiles: en casas regionales, en las fiestas de fin de curso en los colegios… para muchos aquello era Taetro, estaba fuera de su realidad, sobre todo para los niños, eran nuestra tapadera, pero había que acercarlo al público. Lo que no se nombra o se ve no existe.

En alguna ocasión el autor elije la comedia de humor, la astracanada, el esperpento, en otras ocasiones lo hace a través del drama, la tensión constante y contenida. En otras, en esto también hay tendencias, se busca la tensión dramática y el esperpento jocoso e hilarante. Son las herramientas de los autores.

Cuando se accede a un cargo público investido por la autoridad municipal, sin saber en que lugar se está, pues aparece el escándalo esperpéntico e hiperbólico donde las sombras de Max Estrella y su acompañante don Latino de Híspalis se ríen de la cultura oficial y de todos nosotros, advirtiéndonos con sus desconsideradas muecas, que ellos tenían razón. Que los bufones nunca son los que aparentan ser. Y a las pruebas me remito ¡Cráneos privilegiados!

Alguien dijo que cuando un dedo señala al cielo, los unos observan la constelación o el eclipse, mientras que otros, muchos más de los que se creía hasta el momento, solo se fijan en el dedo.

Mientras que unos somos proclives a la libertad de expresión, otros intentan mantener su libertad de presión.

La sociedad cambia con palabras, con palabras escritas o habladas se transforma, pero los silencios provocados por la censura evitan que el agua fluya, se estanque y se corrompa.

Deben aprender los amigos de silenciar a la cultura que esta no es plana, es poliédrica y siempre encontrará un hueco por donde poder manifestarse y hacerse ver ante el público. Para unos, de momento será Taetro, pero con el tiempo y la reflexión se convertirá en Teatro.

 

Ergónomo PhD. Profesor del Master Prevención de Riesgos Laborales en Suffolk University Campus Madrid. Sindicalista. Dramaturgo y Escritor. Vicepresidente del Colectivo de Artistas Liberalia. Guionista y conductor de los programas de radio: Mayores con reparos, Salud y Resistencia y El Llavero.


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