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Jornada laboral


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

Presente en la última campaña electoral está en el tapete la reforma y la contrarreforma o dicho de otra forma; jubilación a los 70 años o disminución de la jornada laboral hasta alcanzar las 32 horas semanales. El esclavismo encubierto o retroceder algún siglo.

Cierto que ambas han salido a la palestra mediática en varias ocasiones, muy cierto es que ambas propuestas puedan llegar a materializarse.

Los más, vemos como algo desechable la propuesta empresarial en la mayoría de actividades laborales, del mismo modo que la disminución de la jornada laboral es una mejora efectiva para l@s individu@s, para el entorno de la familia y para el avance social. Los expertos opinan que el ser humano necesita, para mantener su concentración al máximo, en la ejecución de las tareas relacionadas con su actividad un aumento en la frecuencia de los descansos a partir de las dos horas continuadas de trabajo. Algunos expertos en la Organización Racional del Trabajo con esencias neotayloristas, entienden que, a menos horas en el trabajo, menos rinde el trabajador porque menos se le exprime, aducen que se pierden muchas horas de trabajo al año por causa de los muchos cigarrillos que se fuman, por el tiempo que se pierde en el descanso del desayuno, en ir al servicio, en socializar… Algunos ilustres gestores del tiempo laboral, antaño, se dedicaron a colocar grandes paneles con los nombres de las trabajadoras y los días laborables del mes. En conclusión, si alguna trabajadora causaba baja durante uno o dos días todos los meses, la plantilla entera sabía o pretendía saber la causa de esta baja: menstruación.

¡Cáspita!, que tiempos aquellos en los 60 y 70, en los que se pretendía anular, con indirectas públicas, la libertad de las trabajadoras en aquello que es más esencial para todos: la salud. Hoy sigue sin importarle a nadie un pepino la salud del equipo humano. Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad y las jornadas son cada vez más largas y los objetivos del puesto crecen como las amapolas en primavera. Sí, cada trabajador tiene unos objetivos concretos por los que tiene que luchar, por mucho que digan y propongan los sindicatos el equipo humano está roto, solo quedan individuos pautados para conseguir sus objetivos, el compañerismo, la acción grupal la hicieron desaparecer los neotayloristas neoliberales. Actualmente las empresas son algo parecido a minifundios, donde cada uno tiene sus herramientas, su espacio y su meta. Cada uno debe luchar con uñas y dientes para que nadie se lo arrebate. De pronto la ingeniería laboral, ha conseguido en un plis plas, la manipulación de la libertad individual y concienciación de grupo.

La Ergonomía, que es ese conjunto de ciencias que tratan de evitar la enfermedad de los trabajadores con medidas que le hagan menos incómoda la jornada de trabajo, está de capa caída. Antes tratábamos de que fueran las jornadas más confortables, ahora, con evitar que aparezca el látigo del individualismo, el ya clásico: divide y vencerás, en muchos casos, los ergónomos sociales (sindicales) nos conformamos con eso.

A menos horas de trabajo, más horas para el desarrollo familiar y personal, el descanso, el ocio, la cultura y tal vez, la reflexión. Sé que algunos empresarios seguirán pensando como hace 104 años, cuando los trabajadores de La Canadiense, empresa eléctrica de Barcelona, que, tras un mes y medio de intensa huelga, se logró concienciar a las sociedades occidentales que la jornada laboral fuera de 8 horas. El agudo intelecto de los empresarios predecía que a más horas libres más aumentaría el alcoholismo en la población trabajadora, señal inequívoca que no pretendían que los gobiernos, afines al poder económico, reconocieran que había que gestionar ese tiempo libre con nuevas experiencias gratificantes que no fueran las tabernas y el alcohol. Pensaban como algunos políticos de hoy: a más cañas y terrazas, más libertad. Mosqueante, ¿verdad?

Quizá, como en la actualidad, o trabajas o te diviertes en los bares. Ya que no podemos con la hostelería, hagámosla fuerte y necesaria. Tras el trabajo y remuneración por objetivos, unas horas para el chateo y la socialización.

Ahora, la versión que se suscita es otra. Si se dispone de más tiempo libre, los trabajadores podrán perderse entre las páginas de libros que inciten a la reflexión y al desapego y al individualismo, sin objetivos extra e intralaborales que garantizar la obediencia ciega.

Con más horas libres al día o más días libres semanales, l@s trabajador@s podrán asistir a los auditorios y contemplar o convivir con el mundo de las artes escénicas y la música. Podrán entender que, las artes escénicas, siendo el espejo, el retrato de la sociedad, ellos son los seres que necesitan cambiar las estructuras de la sociedad, aumentar los derechos civiles e intentar que sus descendientes caminen por un planeta menos enfermo y deteriorado. Eso da miedo a cierto sector empresarial, que, reconozcámoslo, no es empresarial, es explotador, sin más. El empresario hábil, con el cambio propuesto puede ver nuevos nichos de negocio, ya que, si hay más tiempo para el ocio familiar existirán más necesidades culturales. Si hay mayor número de espacios dedicados a la cultura, los artistas contarán con más posibilidades de trabajo… ¡Caray!, va a resultar que a menor tiempo de laboro, menos paro, más impuestos, más beneficios sociales y más negocios para los empresarios.

Así llegaremos a una nueva organización laboral, los empresarios que lo deseen podrán contratar a trabajadores en dos jornadas laborales distintas; de lunes a jueves y de finde.

Los unos tendrán tiempo libre durante cuatro días para activar sus necesidades familiares, sociales, culturales, deportivas y formativas, mientras, el otro grupo contará con un trabajo de tres días a la semana. En conclusión, cuantos menos días trabaje el humano, más expectativas de negocios se abren para los emprendedores. Inaudito. Va a ser verdad que menos, es más.

Y ahora me pregunto: ¿De verdad que aquellos predicantes de menos horas de trabajo son los comunistas, chavistas, bolivarianos y otras hierbas, o son los que están dando alas a un empresariado nuevo para que emprenda acciones que desarrollen opciones culturales, deportivas y de formación, tanto públicas, mixtas como privadas?

¿Será posible?

 

Ergónomo PhD. Profesor del Master Prevención de Riesgos Laborales en Suffolk University Campus Madrid. Sindicalista. Dramaturgo y Escritor. Vicepresidente del Colectivo de Artistas Liberalia. Guionista y conductor de los programas de radio: Mayores con reparos, Salud y Resistencia y El Llavero.


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