En el sitio correcto de la historia
- Escrito por Diego Miguel Holguín
- Publicado en Tribuna Libre
Sólo el tiempo nos aporta la claridad suficiente para ver la importancia de algunos acontecimientos una vez han pasado. Los hay que ofrecen dudas, porque no siempre es fácil discernir lo más adecuado para un determinado momento, pero otros no. Otros son tan evidentes en sus consecuencias, que no admiten excusa posible.
El próximo domingo nos enfrentamos a uno de esos momentos. Estas elecciones no son sólo una decisión de cambio de ciclo, derecha o izquierda, o de presidente, Sánchez o Feijoo, sino que trascienden a cualquier alternancia política conocida.
La posible entrada en el Gobierno de España de una formación de extrema derecha, si PP y VOX ganan las elecciones, como así ha pasado en las Comunidades Autónomas donde sus votos han sido necesarios, ofrece un panorama de retroceso en derechos que en nada se asemeja a un simple cambio político.
Recordar como hace unos años, un gobierno en mayoría absoluta de Mariano Rajoy no pudo derogar la ley del aborto, a pesar de proponerlo, ni se atrevió a eliminar el matrimonio igualitario, pese a tenerlo impugnado en el Tribunal Constitucional. Derechos tan asumidos, que una vez logrados nadie pudo tumbarlos.
Sin embargo, nos enfrentamos a la presencia de un partido que allí donde gobierna ha impedido que se cuelgue la bandera LGTBI, mandando el mensaje a los miembros de este colectivo de que las instituciones ya no se comprometen a la defensa de su diversidad y seguridad. Que niega la violencia de género, indicando a aquellas mujeres que se hayan visto afectadas por esta lacra que sólo se trata de violencia intrafamiliar.
Esto me ha hecho reflexionar sobre cómo el tamaño de una nación en nada tiene que ver con su extensión sino con el número de personas que entran dentro de la misma. Cuántas cabrían si el Gobierno de este país estuviera liderado por una derecha excluyente con todo lo que no es acorde a sus valores. Cómo sería vivir en una España mucho más pequeña y cerrada de la que ahora vivimos, en la que tengamos menos libertad e igualdad.
Durante esta campaña he podido hablar con bastantes personas y escuchar las reivindicaciones de algunos colectivos. El denominador común que he encontrado es el temor. Un sentimiento angustioso pero fundado en la medida en que la extrema derecha amenaza la existencia de todas aquellas personas cuyo modo de vida no sea el que ellos defienden.
Pongo como ejemplo al mundo de la cultura, que ha tenido que ver como en algunos lugares está apareciendo de nuevo la censura, o como se pretende que el entretenimiento vacuo expulse cualquier contenido que tenga un mínimo componente de transgresión.
Aunque en España hay varias papeletas que pueden evitar esto, en provincias pequeñas hay una papeleta más eficaz que cualquier otra para frenar a la extrema derecha y es la del PSOE. Como progresista, nunca podría perdonarme si en un momento así no hiciera todo lo que estuviera en mi mano para frenar una amenaza de este tipo. Si cuando el tiempo arroje luz sobre nuestros días, no me hallase en lo que considero el sitio correcto de la historia.