Las mentiras de Milei
- Escrito por Federico Cascio
- Publicado en Tribuna Libre
"Si Ud. no entiende cuando un economista le explica algo, es porque le estaá mintiendo" Raúl Scalabrini Ortiz
Con el ascenso de Javier Milei a la presidencia de la Argentina es necesario analizar en detalle sus propuestas. De ese análisis surge que en los puntos principales o bien en las premisas, o bien la(s) aplicación(es), son falsas, perjudiciales para el país o impracticables.
1. El cierre del Banco Central. Sus argumentos se apoyan en que este "falsifica moneda" emitiendo (moneda) sin tener reservas internacionales netas, es decir que para paliar la situación económica el peso argentino pierde valor frente a los precios de monedas internacionales (particularmente el dólar estadounidense) cada vez que se emite. A esto, Milei, lo llama robo, es decir, refiere que es una acción fraudulenta para perjudicar la economía y beneficiar al gobierno de turno provocando deliberadamente un aumento de precios.
Bien, en cuanto a este planteo, primero es imposible cerrar el Banco Central de la República Argentina (BCRA) sin que sea aprobado por el Congreso, y no sólo eso, sino que debería reformarse la Constitución.
Y aún si se saltara este paso y sólo diera orden de no emitir, su proyecto de dolarizar la economía (esto es, sustituir los pesos argentinos por dólares estadounidenses para utilizarlos como moneda oficial) significaría que está cambiando un Banco Central por otro, el de Estados Unidos.
Es decir que su proyecto de cerrar el Banco Central en realidad es un eufemismo para someter la política monetaria, y por extensión la economía argentina, a la de EE.UU. Lo que propone debería llamarse dependencia económica de los Estados Unidos, hecho que denota claramente reconocer su propia incapacidad para llevar adelante una política monetaria eficiente, delegándola en funcionarios extranjeros sobre quienes no tiene ningún tipo de autoridad.
2. Privatizaciones. Otra de las grandes mentiras que esconde un negocio detrás de una ideología o una propuesta concreta. Milei ha repetido en muchas entrevistas que “Todo lo que pueda estar en manos del sector privado va a estar en manos del sector privado”. Planea vender las empresas del Estado a capitales privados: La petrolera YPF, la aeronáutica Aerolíneas Argentinas, los ferrocarriles la TV Pública, Radio Nacional, la agencia de noticias Télam, la empresa de agua Aysa. También se habló del instituto del cine INCAA, del instituto científico Conicet (que puso a la Argentina como número 14 en el mundo con satélites en el espacio, entre otros avances), o las jubilaciones (Milei trabajó para empresas que privatizaron jubilaciones, las AFJP).
La pregunta fundamental es, si estas empresas son deficitarias como argumenta Milei, ¿quién las compraría? O será que no son deficitarias y son capaces de generar ganancias. Nuevamente el mismo planteamiento pone en duda su propia falencia presumiendo ineficacia o incapacidad para gestionarlas de manera correcta.
Respecto a este punto cabe preguntarse también, si el Estado no tiene empresas que generen empleo y ganancias, ¿cómo se financia? Si la respuesta es con impuestos, el argumento que el presidente electo gritaba y repetía incansablemente es que los impuestos son un robo, que había que sacarlos y que él no era ladrón. Por lo tanto, si vende las empresas del Estado y suprime impuestos, ¿cómo se financia el Estado?
La respuesta es irrelevante en este contexto. El plan, según parece, es el mismo que llevara a cabo el expresidente Carlos Menem en la década de los 90, del que Milei se declaró ferviente admirador: Vender las empresas del Estado para ganar en liquidez inmediata, provocando un "globo" económico en el cual se beneficien principalmente sus socios empresarios.
3. Reforma laboral. La premisa planteada por el gobierno entrante es que el sistema económico se ve perjudicado por las condiciones que aseguran beneficios a los trabajadores. ¿Qué beneficios?; vacaciones, aguinaldo, edad jubilatoria y principalmente la indemnización por despido.
El argumento barajado por Milei, y frecuente en el discurso de la derecha en general, es que hay una "industria del juicio" por la cual los empleados en relación de dependencia abusan de sus empleadores para obtener un rédito económico amparados en las leyes de protección laboral, como por ejemplo las de riesgos de trabajo, acoso u hostigamiento o vacaciones o permisos justificados, y les impide a los empresarios despedir a los empleados "problemáticos".
Lo cierto es que los números no avalan esta teoría, y parecen ser una excusa para despedir sin causa, ahorrándose antigüedad y otros beneficios ganados en su desempeño laboral, y contratar otra persona por un sueldo menor.
Lo que esconde esta propuesta es una precarización del mercado laboral, y una bajada de sueldos que influye directamente en el margen de ganancia de las empresas y no en la mejora de salarios ni la baja de la desocupación (desempleo), los puestos serán los mismos porque las empresas buscan maximizar beneficios.
El planteamiento de quienes abogan por esta reforma a las condiciones existentes es llamado "teoría del derrame", que teoriza que, si los empresarios obtienen mayores ganancias, las mismas se verán repartidas de forma equitativa entre sus empleados, pero esto es algo que no se da en la práctica, más bien esas ganancias son fugadas a paraísos fiscales y no reinvertidas en las empresas.
4. Sistema de "vouchers" (bono o cupón) en educación y salud. Milei plantea incorporar este sistema "a la chilena", incorporando un subsidio a través de cupones canjeables por sumas de dinero para acceder a la salud y a la educación. Su planteamiento es que se mantendría la gratuidad y mejoraría el sistema ya que por la lógica del mercado los oferentes, tanto instituciones públicas como privadas, competirían para obtener la mayor cantidad de alumnos, mejorando la calidad educativa y la sanitaria. También, con este sistema según manifiesta, pretende erradicar un supuesto adoctrinamiento de la educación siguiendo directivas del gobierno de turno.
En Chile el sistema educativo de vouchers lo instauró el dictador Augusto Pinochet. Hoy en día está comprobado que genera desigualdad y no es de gratuidad universal. Allí, en Chile, se realiza una prueba, y en base a su resultado se verifica si el alumno se encuentra entre el 60% más pobre de la sociedad para otorgarle el beneficio.
El mismo es financiado sólo durante lo estipulado por el tiempo establecido por la carrera, es decir, si la misma está pensada para 5 años, ese es el plazo financiado.
No contempla otros plazos ni que por trabajar se realice en más tiempo, ya que pasado ese plazo el alumno (recordemos, del 60% más pobre) debe abonarlo por sus propios medios. Además, no estudian lo que quieren, sino lo que el resultado de esa prueba los habilita.
Peor es la expectativa para quienes se encuentran en el 40% restante, ya que deben endeudarse o pagar la educación de otra forma.
Este sistema, más que mejorar la calidad educativa la empeora, ya que en la práctica las instituciones educativas, para asegurarse el plazo máximo del financiamiento a cada alumno, rebaja las exigencias académicas para que demoren lo menos posible en titularse y, por lo tanto, obtener el máximo rédito por cada uno. No sólo eso, sino que la oferta, en vez de ser mejorada con prestigio educativo, es mercantilizada, con regalos como ordenadores portátiles o similares con la matrícula, tal es la calidad de la competencia en ese ámbito.
5. Ajuste sólo para la política y "la casta". El presidente electo de Argentina repitió hasta el cansancio que él es un "outsider" de la política, y venía a quitar los privilegios de la "casta". Según sus propias palabras, esto refiere a "los políticos corruptos, los empresarios que obtienen prebendas por sus servicios, los sindicalistas que entregan a sus trabajadores, “los micrófonos ensobrados” (influencia mediática que se sugiere sobornada) y que son cómplices y ocultan todos estos negocios y obviamente los profesionales que son cómplices a los políticos". Dijo Milei, que el ajuste iba a ser sólo para ellos (es decir para frenar a los corruptos, políticos, sindicalistas, y los medios satélites) y no para los "argentinos de bien" (sin explicar quienes entraban en esta categoría cuyo concepto abre posibilidades preocupantes).
Ya anunció que "van a ser 6 meses muy duros", que se detendría la obra pública y haría un ajuste de 15 puntos del PBI.
Esta es la mentira más grave, porque todo indica que será justamente al revés. La quita de subsidios a los transportes y a los servicios públicos, la contracción del Estado con las privatizaciones ya mencionadas, la "flexibilización" laboral y otras medidas restrictivas, golpearán con fuerza a los trabajadores.
El argumento será que hay que aceptar este ajuste en virtud de un futuro mejor, que cada vez se va más lejos y que nunca llega. A esta conclusión no llegamos por futurología u horóscopo, sino que cada vez que se plantearon este tipo de medidas de "sufrir hoy para tener un mejor país mañana", lo único que en realidad sucedió fue aumentar la diferencia en la distribución de la riqueza y un aumento en la brecha entre ricos y pobres.
Pero no serán todos perdedores. El expresidente Mauricio Macri (a quien aún ya electo Milei se refiere como "presidente Macri") y varios de sus ex funcionarios tendrán puestos clave en el gobierno de Milei. Como, por ejemplo, Luis Caputo, futuro ministro de economía, quien tuvo fue responsable del actual endeudamiento con el FMI, y está acusado por ejemplo de girar 500 millones de pesos del ANSES (el fondo público de jubilaciones) a un fondo de inversión fundado por él mismo, y para aceptar el cargo pidió como condición que no avance una causa judicial abierta en su contra.
También estará, entre sus principales colaboradores/as, la excandidata a presidenta Patricia Bullrich como ministra de Seguridad y Federico Sturzenegger (ex presidente del Banco Central de la República Argentina entre 2015 y 2018, durante la presidencia de Mauricio Macri.), como ministro de Modernización del Estado (a cargo de las privatizaciones).
Tampoco serán afectados como perdedores los medios de comunicación que hicieron campaña explícita por Milei desde el balotaje, como el canal La Nación +, cuyo dueño es el propio Macri, pese a que Milei había anunciado que el ajuste iba a incluir al dinero de la pauta oficial a los medios de comunicación, ya que no eran prioridad. Ya anunció que da marcha atrás con esta medida, pero sólo para quienes "informen desinteresadamente y con objetividad".
En conclusión y finalmente, ¿es posible frenar o bajar la inflación? Si, por supuesto, pero ¿a costa de qué? De sumergir a los argentinos en la pobreza, de quitarles derechos, de frenar la actividad económica generando desocupación.
El objetivo de lograr equilibrio fiscal es alcanzable si el Estado deja de cuidar (o asegurar los derechos) a los ciudadanos y velar por su bienestar. El Estado no es una empresa de la que se deba sacarse rédito y balancear sus cuentas.
El gobierno de Milei no viene a terminar con la corrupción y "la casta", viene a redistribuir la riqueza de la Argentina, (negativamente para los más desfavorecidos) y lo peor es que lo hará repitiendo un modelo que ya generó las mismas consecuencias, los más cercanos en el tiempo, los gobiernos de Macri y los de Menem. El futuro de la Argentina puede verse con toda claridad en su pasado.