Buscando cuerpos
- Escrito por Luz Modroño
- Publicado en Tribuna Libre
A lo largo de las rutas migratorias se repiten los mismos caminos. Caminos en los que desaparecen seres humanos, cuerpos que alimentan cunetas o que simplemente desaparecen, perdiéndose su rastro. Los familiares, que en cualquier momento dejan de recibir noticias suyas, pasarán años buscando, cavando, abriendo fosas ante la mínima sospecha de que allí se puede encontrar algún familiar querido. Tocaran puertas, llamarán a ventanillas, intentarán buscar pistas, la mínima puede contener la clave que, por fin, abra la puerta a la respuesta. Llamarán incansables esperando que alguien pueda acercarles a la respuesta tan ansiada de ¿dónde está?, ¿qué paso con él? Hablad ríos o mares, hablad montañas y bosques, hablad alcaldes y policías, que se escuche la voz de los que sepan la verdad…
Pero solo se escucha el silencio. Como una espesa losa, un silencio sucio y cómplice sella los labios. La decepción solo queda amortiguada por la esperanza que un detalle, un renuncio, una contradicción entre dos declarantes puede volver a despertar. Y reactivará la búsqueda, un interminable periplo marcado solo por la necesidad de encontrar al ser amado, ya sea herido, mutilado o, al menos, sus restos. Solo esa respuesta traerá la paz al corazón herido.
La duda, moviéndose entre la desesperanza y esa cuerda certidumbre que impele a no renunciar, ayudará a seguir buscando. La búsqueda puede durar la vida entera, como el caso del “caravanero” Marío. Mario nos acompañó con su buen humor, su optimismo, su sentido de la justicia y su búsqueda de la verdad. Murió el año pasado sin haber logrado el objetivo por el que dio la vida: la búsqueda de su propio hermano, desaparecido en la ruta del Perú.
Por tierra y por mar, las rutas se van llenando de cadáveres. En suĺ mayoría cuerpos desconocidos que no podrán ser identificados jamás.
En los medios solo aparecen las graves y despersonalizadas cifras que informan de los cuerpos perdidos. Son cuerpos que no interesan a nadie, de nombre anónimo que estará vivo en el recuerdo de la madre y el hermano. Son muertes que podrían evitarse, y la responsabilidad recae directamente en los hombros de los que, pudiendo evitarlo, no lo hacen.
Da igual la ruta: Canarias, Balcanes, África… por cientos de miles se pierden miles de seres humanos. Cuerpos inocentes que sucumbieron en su camino de búsqueda de un lugar en el mundo donde vivir en paz. Contra el barrido de la memoria, la CAF sigue. Esta vez con la presentación del trabajo del fotógrafo Max Zirzel, artista independiente que un día se preguntó “¿Qué puedo hacer yo para no sentirme cómplice de todo esto? ¿Puedo colaborar desde mi trabajo y con mi trabajo para denunciar estas muertes? Fue el inicio de un trabajo que hoy ha presentado en el encuentro en Padua con Caravana Abriendo Fronteras.
Por la tarde, Socorro, que este año es un miembro mas de Caravana, busca a su hijo, abogado defensor de derechos humanos en Acapulco, desde 2018. Su testimonio levanta oleadas de solidaridad.
Luz Modroño
Luz Modroño es doctora en psicóloga y profesora de Historia en Secundaria. Pero es, sobre todo, feminista y activista social. Desde la presidencia del Centro Unesco Madrid y antes miembro de diversas organizaciones feministas, de Derechos Humanos y ecologistas (Amigos de la Tierras, Greenpeace) se ha posicionado siempre al lado de los y las que sufren, son perseguidos o víctimas de un mundo tremendamente injusto que no logra universalizar los derechos humanos. Y considera que mientras esto no sea así, no dejarán de ser privilegios. Es ésta una máxima que, tanto desde su actividad profesional como vital, ha marcado su manera de estar en el mundo.