Una ‘traviata’ desnuda de elementos superfluos y lejos del amor romántico
- Escrito por Manuel Espin
- Publicado en Cultura
Estrenada en 1853 'La Traviata' de Verdi sobre libreto de Francesco María Piave se inspiraba argumentalmente en 'La dama de las camelias' de Dumas, hijo; es decir se adscribía al mito del amor romántico. Una cortesana, (Violetta), locamente enamorada de un hombre, (Alfredo), bajo la sombra de un padre con un gran peso en la historia (Giorgio), y una muerte final de la heroína víctima de tuberculosis.
Dotada de una partitura sublime 'La Traviata' ha sido durante mucho tiempo la quintaesencia teatral del belcantismo con una historia sobre el XIX donde resaltan todos sus estereotipos. Y como la que se ha visto en multiplicidad de representaciones de esta obra desde su estreno y entre nosotros.
Eso hasta principios del XXI cuando la Dutch National Ópera, es decir la lírica y el ballet de los Países Bajos estrenó la producción dirigida por Willy Decker que cambia la estética y los argumentos sin alterar una sola nota. Desaparece todo lo que se podría interpretar como superfluo: nada de vestuario ni atrezzo del XIX, tampoco elementos románticos o barroquismos formales. Aplicando un tratamiento desnudo al concepto general de esta producción que sin embargo no tiene nada de minimalista, sino al contrario.
Un espacio escénico diseñado por Wolfgang Gusmann al igual que el vestuario (junto a Susana Mendoza en esta ocasión) casi vacío donde un gigantesco ciclorama en forma de huso pero de suelo inclinado hacia la platea desarrolla una acción teatral en la que apenas hay mobiliario, tan solo el gigantesco y versátil reloj que juega un gran papel en la historia y unos sofás que entran y salen.
Ese grandioso territorio da todo el aire que la acción requiere; en la que el coro del Teatro Real dirigido por José Luis Vaso aparece vestido con la misma ropa masculina tanto en las voces de ellas como en las de ellos a la que vez que el amplio conjunto de actores y performers que tiene presencia en la acción. Y los tres protagonistas sin chaquéts, corsés, vestidos largos ni miriñaques, en una historia que despejada de esas referencias del XIX adquiere una lectura de enorme modernidad. Es una Violetta de hoy en un universo masculino donde se la sigue valorando por lo que vale su belleza, dentro de una sociedad clasista pese a la aparente evolución.
La transgresión del enfoque no es iconoclasta sino respetuosa con la esencia no con sus aditamentos de otra época. Está envuelta en una elegancia formal que evita cualquier exceso.. El envoltorio muestra su extremo rechazo al barroquismo formal.
Por no haber ni una heroína femenina que agoniza en un sofá mortuorio como en todas las 'damas de las camelias' conocidas, desde Greta Garbo a Sara Montiel ('La bella Lola') en una melodramática apoteosis de llanto y melancolía. Esta Violetta está de pie contemplando de frente a la muerte sin dejarse caer, hasta que se derrumba como al guiñol al que le cortan los hilos.
Como puede suponerse, la extrema depuración formal y el envoltorio elegante propician el lucimiento de la orquesta y las voces. En las representaciones que el Teatro Real celebra hasta el próximo 21 de julio el foso está dirigido por el húngaro Henrik Nánási en la mayor parte de las representaciones (aunque en alguna con Francesc Prat el frente de la Orquesta). Se puede decir que la brillantez de la partitura original se expresa con toda clase de matices. Al servicio de un reparto de lujo:el a) encbezado por Nadine
Sierra, que desde que empezó a trabajar en el Real y en el Liceo de Barcelona se ha consagrado entre las primerísimas voces de la lírica mundial, y Xavier Anduaga que está en un gran momento. Con la presencia de Juan Diego Flórez haciendo el papel de Alfredo los días 14, 17 y 20 del próximo mes.
Con casi todas las entradas vendidas para las representaciones, el reparto b) al que pudimos ver en escena compuesto por la soprano rumana Adela Zaharia y el peruano Iván Ayón Rivas, no desmerece en absoluto del primero, salvo en la diferencia de altura corporal entre los personajes: ambos fueron recibidos con un gran calor al final de su representación. El tercero en la discordia, Giorgio, el padre, está interpretado en cada una de las funciones por Luca Salsi, Artur Rueinski y Gozim Mysketer, en un trabajo de barítonos de un gran nivel.
Esta 'Traviata' que cierra la temporada del Real es una producción estrenada hace dos décadas y que ha girado por los principales escenarios mundiales hasta convertirse en un referente de lo que es una reinterpretación de un clásico despojado de elementos que parecían esenciales pero que ahora llegan a ser prescindibles, y que debía haberse estrenado en Madrid en 2020 de no haber sido por la epidemia de covid.
Si pensamos que la ópera no tiene porque ser un espectáculo mimético del pasado y somos capaces de encontrar subtextos en otros momentos sepultados por la hojarasca del historicismo esta producción da muchas pistas y sale hacia el encuentro de nuevos públicos sin desvirtuar la brillantez del original,
Manuel Espin
Doctor en Sociología y licenciado en Derecho, CC Políticas y CC de la Información es escritor de ficción y no ficción, periodista y autor audiovisual para cine y tv.
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