El átomo y los atomistas. Platón. V
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Ch. Mugler resume este punto de vista, en sus comentarios a la obra del Estagirita. (Aristóteles, “De la génératión et de la corrupción”). La teoría de la transformación, de los elementos de Platón, implicaría, según él (Ch. Mugler), la existencia del vacío, tanto en el interior como en el exterior, de los poliedros regulares, En estas condiciones y, en contra de lo que pensaba Demócrito, cuyos átomos eran sólidos, las uniones de los triángulos, o de los cuadrados de Platón, no harían más que delimitar un espacio. Algunos suponen que los triángulos, no eran más que superficies; otros sugieren que los poliedros, contenían una especie de materia primordial.
Platón admitía solamente cuatro sustancias fundamentales, en la construcción del universo, cuando de hecho existen cinco poliedros regulares, quedando uno de estos, sin utilizar en la identificación elemento = poliedro. El poliedro se quedaba fuera en el dodecaedro, que, a diferencia de los otros cuadros poliedros, está hecho de pentágonos. Platón le reservó el rol eminente de ser, “la imagen de la disposición del universo”, una elección de la que no estaba ausente, la motivación estética. Efectivamente, de todos los poliedros regulares, el dodecaedro es el que más se aproxima a la esfera. Por lo que respecta al universo, subrayemos que Platón admitía solo uno, mientras que Demócrito, concebía un número infinito de ellos. Según Platón, “Demócrito no estaba versado, en las cosas del conocimiento”.
¿Qué conclusiones podemos sacar, de esta mezcla de razonamientos, especulación imaginativa e impulsos estéticos, que parecen constituir, la base de la filosofía platónica de la naturaleza? Chambry resume: “Un lector moderno, no familiarizado con la filosofía antigua que lea el ‘Timeo’, se quedará profundamente asombrado. Un mundo compuesto de uniones de triángulos; los cuatro elementos considerados, como cuerpos simples, que se transforman los unos en los otros; un alma triple, situada en tres lugares diferentes del cuerpo; el hígado reflejando la inteligencia y, amenazando o calmando el alma apetitiva; una explicación de las enfermedades, de una fantasía desconcertante; la metamorfosis de los hombres en mujeres y, en toda clase de animales; un Dios que no crea el mundo, sino que ordena un caos preexistente, eterno como él, que toma como modelo, unas Formas o seres etenos e inmutables que existen fuera de él, iguales sí no superiores a él y, que se hace ayudar en su tarea, por unos dioses subalternos; unos astros que son dioses; almas en las que la inteligencia, gira en círculos como los astros; todo esto le parecerá un montón de extravagancias, creadas por un soñador delirante. Y, sin embargo, este sistema del mundo, es el producto de una de una de las mentes más profundas y brillantes, que ha conocido la humanidad”.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.