Karl Popper. Heráclito. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Sólo con Heráclito encontramos en Grecia teorías comparables, por su carácter historicista, con la doctrina del pueblo elegido. Lo que Homero, por ejemplo, trata de destacar y explicar, no es la unidad de la historia sino, más bien, su falta de unidad. Lo que la interpretación homérica, comparte con la judía, es cierto vago sentimiento del destino y, la idea de fuerzas ocultas entre bambalinas.
El primer griego que introdujo, una teoría historicista más definida, fue Hesíodo, probablemente bajo la influencia, de las fuentes orientales. Hesíodo difundió la idea de un impulso o tendencia general, en determinado sentido, del desarrollo histórico. Su interpretación de la historia es pesimista. La culminación de las diversas ideas historicistas, profesadas por los primeros filósofos griegos, llega con Platón, quien, en una tentativa de interpretar la historia y, la vida social de las tribus griegas y, en particular, de los atenienses, trazó una grandiosa pintura filosófica del mundo. En su historicismo, sufrió una fuerte influencia de sus diversos predecesores, especialmente de Hesíodo; sin embargo, la influencia de mayor peso, deriva directamente de Heráclito.
Heráclito fue el filósofo que descubrió la idea de “cambio”. Hasta esta época, los filósofos griegos, bajo la influencia de las ideas orientales, habían visto el mundo como un enorme edificio, en el cual los objetos materiales, constituían la sustancia, de que estaba hecha la construcción. Comprendía esta la totalidad de las cosas, el “cosmos” (que originalmente parece haber sido una tienda o palio oriental). Los interrogantes que se planeaban los filósofos, eran del tipo siguiente: “¿de qué está hecho el mundo?” o bien: “¿como está construido, ¿cuál es su verdadero plan básico?” Consideraban la filosofía o la física (ambas permanecieron indiferenciadas durante largo tiempo) como la investigación de la “naturaleza”, es decir, del material original con que este edificio, el mundo, había sido construido. En cuanto a los “procesos” dinámicos, se los consideraba, o bien como partes constitutivas del edificio, o bien como elementos reguladores de su conservación, modificando y restaurando la estabilidad o el equilibrio, de una estructura que se consideraba fundamentalmente estática.
Este enfoque tan natural aun, para muchos de nosotros todavía, fue dejado de lado, por la genial concepción de Heráclito. Según ésta, no existía edificio alguno, ni estructura estable, ni cosmos. “El cosmos es, en el mejor de los casos, una pila de basuras, amontonadas al azar”, nos declara Heráclito. Para él, el mundo no era un edificio, sino, más bien, un solo proceso colosal; no la suma de todas las cosas, sino la totalidad de todos los sucesos o cambios o “hechos”. “Todo fluye y nada está en reposo”: he ahí el lema de su filosofía.
Pues eso.
Continuará
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.