Karl Popper. Heráclito. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Durante largo tiempo se dejó sentir la influencia del descubrimiento de Heráclito, sobre el desarrollo de la filosofía griega. Los sistemas filosóficos de Parménides, Demócrito, Platón y Aristóteles, pueden describirse todos adecuadamente, como otras tantas tentativas, de resolver los problemas planteados, por este universo en perpetua transformación, descubierto por Heráclito. Difícilmente puede sobreestimarse, la grandeza de este descubrimiento, que ha sido calificado de aterrado y, cuyo efecto se ha comparado, con el de un “terremoto en el cual…todo parece oscilar”. A Popper no le cabe duda alguna, de que Heráclito llegó a este descubrimiento, debido a terribles experiencias personales, padecidas como los resultados de los trastornos sociales y políticos, de la época que les tocó vivir. Heráclito, el primer filósofo que se ocupó, no ya “de la naturaleza”, sino incluso de problemas ético-políticos, vivió en un momento histórico de revolución social. Era la época en que las aristocracias tribales griegas, comenzaban a ceder, ante el nuevo empuje de la democracia.
Si queremos comprender el efecto de esta revolución, deberemos recordar la estabilidad y rigidez, de la vida social, en una aristocracia tribal. La vida social se halla determinada, por tabúes sociales y religiosos; todos los individuos tienen su lugar asignado, dentro del conjunto de la estructura social; todos sienten que su lugar es el apropiado, el “natural”, puesto que les ha sido adjudicado, por las fuerzas que gobiernan el universo; todos “conocen su lugar”.
De acuerdo con la tradición, la condición de Heráclito, era la de heredero de la familia real, de reyes sacerdotes de Éfeso, pero renunció a sus derechos, en favor de su hermano. Pese a su orgullosa negativa, a tomar parte de la vida política de su ciudad, defendió la causa de los aristócratas, quienes trataban en vano, de contener la impetuosa marea de las nuevas fuerzas revolucionarias. Su interpretación de los motivos del pueblo, reviste el mayor interés, pues demuestra que el caballo de batalla, de los argumentos antidemocráticos, no ha cambiado mucho, desde los primeros días de la democracia. Otra expresión del punto de vista conservador y antidemocrático de Heráclito resulta, por una casualidad, perfectamente aceptable para los demócratas, en su significado aparente, aunque no en su intención: “Un pueblo debe luchar por las leyes de su ciudad, como si fueran sus muros”.
Pero la lucha de Heráclito, en defensa de las antiguas leyes de su ciudad, resultó vana; y lo efímero de todas las cosas, dejó una impresión imborrable, en su espíritu. Con su teoría del cambio, no hace sino dar expresión a este sentimiento: “Todo fluye”, declara y, también, “no es posible bañarse dos veces en el mismo río”. Desilusionado, argumentó contra la creencia, de que el orden social existente, habría de durar eternamente.
Pues eso.
Continuará
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.