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Karl Popper. Heráclito III


(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

Esta insistencia en el cambio y, especialmente, en la transformación de la vida social, constituye una importante característica, no sólo de la filosofía de Heráclito, sino también el historicismo en general. Sin embargo, si bien hemos de admitir esta parte de su doctrina, el todo padece una de las características, más perniciosas del historicismo, a saber, la atribución de una importancia excesiva al cambio, junto con la creencia complementaria, en una “ley del destino”, inexorable e inmutable.

En esta creencia nos vemos enfrentados con una actitud que, si bien parece contradecir, a primera vista, la insistencia de los historicistas en el cambio, es característica de la mayoría, sino de todos ellos. Quizá podamos explicar esta actitud, si interpretamos la insistencia del historicista en lo mudable, como síntoma de un esfuerzo necesario, para vencer una resistencia inconsciente, a la idea de cambio. Esto explicaría, también, la tensión emocional, que conduce a tantos historicistas (aun en nuestros días) a hacer hincapié en la novedad de la revelación nunca oída, que deben formular a la humanidad.

Estas condiciones sugieren la posibilidad, de que los historiadores, teman las transformaciones y, que no sean capaces de aceptar la idea de cambio, sin una seria lucha interior. A menudo, parece como si tratasen de consolarse, por la pérdida de un mundo estable, aferrándose a la concepción, de que todo cambio, se halla gobernado por una ley inmutable. (En Parménides y en Platón, llegaremos a encontrar, incluso, la teoría de que el cambiante mundo en que vivimos, es solo una ilusión y, de que existe otro mundo real, que se mantiene eternamente inalterable).

En el caso de Heráclito, la importancia atribuida al cambio, lo conduce a la teoría, de que todos los objetos materiales, ya sean sólidos, líquido o gaseosos, son semejantes a llamas, es decir, que más que objetos son procesos y, equivalen todos ellos, a otras tantas transformaciones de fuego. La Tierra (compuesta de ceniza), aparentemente tan sólida, no es sino fuego, en un estado de transformación. Todos los demás elementos – la Tierra, el agua y el aire – son productos de la transformación del fuego: “Todas las cosas pueden transformarse en fuego y, a la inversa, del mismo modo que el oro puede convertirse en mercaderías y, las mercaderías en oro”.

Pues eso.

Continuará.

 

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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