El átomo y los antiatomistas. III
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Además de las dos causas internas, identificadas como los dos principios – la materia, que deviene causa material; y la forma, que deviene causa formal – están las dos causas complementarias: la causa eficiente o motriz, que representa el agente o el factor iniciador y, ejecutor del proceso; y la causa final, que simboliza su propósito último, el “por qué” de las cosas.
Este es una concepción de las causas, que se aparta de la significación habitual, que damos hoy a ese término. La noción de causa final, es la que suscita más cuestiones. La adopción de esta causa (que actuaría por medio de la causa eficiente, que la pone en marcha) revela la propensión que tiene Aristóteles a ver en el mundo y, muy especialmente en la estructura de los seres vivos, el producto de un propósito racional. Este propósito, por cierto, es lo que dirige la evolución del mundo hacia el bien. El parentesco con la doctrina teleológica de Platón y, el conflicto con la doctrina estrictamente mecanicista, de los atomistas, que rechazan cualquier forma de finalidad, son evidentes.
Sin embargo, la refutación más directa y más clara por parte de Aristóteles, contra la teoría atómica, está en su afirmación, de la continuidad de la materia y, por tanto, en el rechazo a poner límites a su divisibilidad y, sobre todo, en su rechazo del vacío. Para él, este será el argumento decisivo, en la medida en que, de acuerdo con su forma de pensar, proscribir el vacío equivale a proscribir los átomos (Aristóteles rechaza también, la teoría de los triángulos de Platón. En “Sobre la generación y la corrupción”, escribe: ‘Es imposible que las figuras planas de Timeo, sean la materia nutricia y principal de las cosas’).
Si uno rechaza los átomos y, al mismo tiempo, se propone construir el mundo de materia y de forma, ¿a qué puede recurrir, si no a las ya familiares sustancias primordiales? Aristóteles, de un modo a primera vista algo decepcionante, parece seguir simplemente, las enseñanzas de Empédocles, cuya teoría de los cuatro elementos primarios adopta. Efectivamente, fiel a su concepción del rol esencial, que desempeñan las “cualidades”, en nuestra percepción del mundo y, en la actualización de las formas, a partir de las potencialidades de la materia, considera como “principios” últimos, no ya las cuatro sustancias, sino “cuatro cualidades primordiales”, a las que pueden reducirse, todas las demás cualidades observables. Estas cuatro cualidades primarias son: lo caliente y lo frío (las llamadas cualidades activas) y lo seco y lo húmedo (las llamadas cualidades pasivas) que, descartando los pares incompatibles (frio-caliente, seco-húmedo) pueden agruparse en cuatro pares: caliente-seco, caliente-húmedo, frío-seco y frio-húmedo).
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.