Heráclito. XX
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Lo que llega a nosotros, por el camino de la traducción lingüística, no es lo que ha quedado, sino algo que se transmite, que se nos dice a nosotros, sea bajo la forma del relato directo, sea bajo la forma de la tradición escrita. Bajo la forma de la escritura, todo lo transmitido se da simultáneamente, para cualquier presente. En ella se da una “co-existencia” única de pasado y presente, pues la conciencia presente, tiene la posibilidad de un acceso libre, a todo cuanto se ha trasmitido por escrito. El medio de toda comprensión, por tanto, es el lenguaje, que no es un mero instrumento del pensamiento, sino un elemento constitutivo del mismo (y de nuestro propio mundo).
Es en el leguaje donde se revela, el sentido último del mundo para el hombre. O lo que es lo mismo: los hombres “tienen mundo”, justamente porque tienen lenguaje. Pero no sólo el mundo es mundo, en cuanto que accede al lenguaje: “el lenguaje sólo tiene su verdadera existencia, en el hecho de que en él se representa el mundo”. Alexander von Humboldt ha puesto el acento como pocos en el leguaje, entendido como medio universal, en el que se realiza la comprensión y, nos ha enseñado que, en última instancia, “comprender e interpretar” son lo mismo. Gadamer tomó buena nota de ello, lo que se hace patente en su reconocimiento, de que la comprensión, se realiza siempre, por medio de la interpretación.
A este respecto, el que un texto transmitido, se convierta en objeto de la interpretación, quiere decir que plantea una pregunta al intérprete. La interpretación consiste, en una referencia constante, a la pregunta que se le ha planteado. Comprender un texto, por tanto, quiere decir comprender esta pregunta (a la que “pertenecemos”). En esta medida, el sentido de una frase, es relativo a la pregunta para la que es respuesta y, esto significa, que va necesariamente más allá, de lo que se dice en ella.
Nuestra reflexión, en suma, ha estado guiada, por la idea de que el leguaje es un centro, en el que se reúnen el yo y el mundo o, mejor, en el que ambos aparecen en su unidad originaria. En todos los casos que hemos analizado, se ha hecho patente, lo que Gadamer denominaba “estructura especulativa del lenguaje”, que consiste, no en ser copia de algo que está dado con fijeza, sino en un acceder al lenguaje, en el que se anuncia un todo de sentido.
El fenómeno hermenéutico, devuelve aquí, su propia universalidad, a la constitución óntica de lo comprendido, cuando la determina, en un sentido universal, como “lenguaje” y, cuando entiende su propia referencia, a lo que es como “interpretación”. Acaso por eso, no hablamos sólo del lenguaje de la filosofía, el arte o la historia, sino también del lenguaje de la naturaleza e, incluso, del lenguaje de las cosas. En verdad entendemos que lo dicho, sirve de justo método, para el estudio de Heráclito. Lo que podemos tener del oscuro presocrático, no es un acceso inmediato a su ser mismo, sino un acceso, necesariamente mediato a sus palabras. En el caso que nos ocupa, eso es lo que nos queda, eso es lo que Heráclito, es para nosotros, eso es lo que puede ser comprendido e interpretado: “palabras”, ni más ni menos.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.