Bohr. Biología y mecánica cuántica. III
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
El punto de partida de la moderna física atómica fue, como es sabido por muchos, el reconocimiento de la naturaleza atómica de la propia electricidad, indicada en primer lugar, por las famosas investigaciones de Faraday sobre la electrolisis y, establecida después definitivamente, por el aislamiento del electrón, en los bellos fenómenos de las descargas eléctricas, a través de gases enrarecidos, que tanto llamaron la atención, al finalizar el siglo XIX. Mientras las brillantes investigaciones de J. J. Thomson, aclararon pronto la parte esencial desempeñada por los electrones, en los más variados fenómenos físicos y químicos, nuestro conocimiento de las unides fundamentales que forman la materia, no fue completo hasta el descubrimiento por Ernest Rutherford, del núcleo atómico, que corona su precursor trabajo, sobre las transformaciones radiactivas espontáneas, de los elementos pesados. En efecto, este descubrimiento ofreció por primera vez, una explicación indiscutible, de la invariabilidad de los elementos, en las reacciones químicas ordinarias, en las cuales el minúsculo núcleo pesado permanece inalterable, quedando afectada únicamente, la distribución de los electrones ligeros que lo rodean.
Para Bohr la tesis esencial, sería la evidente necesidad de romper radicalmente, con las ideas clásicas, mecánicas y electromagnéticas, si se desea explicar los hechos generales, físicos y químicos, conocidos con ayuda del modelo atómico propuesto por Rutherford. Pues en efecto, si la mecánica newtoniana nos revela y nos hace comprender, la armonía de los movimientos planetarios, expresados por las leyes de Kepler, no es menos evidente que los modelos mecánicos, como el sistema solar, que cuando es perturbado no tiende nunca a volver a su estado inicial, no pueden presentar la estabilidad que deben tener las configuraciones electrónicas, responsables de las propiedades específicas de los elementos. Ante todo, esta estabilidad particular de los átomos, está sorprendentemente ilustrada por el análisis espectral, que, como es bien sabido, ha puesto de manifiesto, que todo elemento posee un espectro característico de rayas finas, tan independiente de las condiciones externas, que nos permite determinar por observaciones espectroscópicas, la composición material de las estrellas, incluso de las más remotas.
Una clave para la solución de este dilema, fue ya proporcionada, por el descubrimiento del “cuanto elemental de acción” de Planck, como resultado de investigaciones, en otro dominio muy distinto de la física. Como sabemos, Planck llegó a este descubrimiento fundamental, por un análisis profundo, de los caracteres de equilibrio térmico, entre materia y radiación que, según los principios generales de la termodinámica, han de ser enteramente independientes, de toda propiedad específica de la materia y, en consecuencia, de cualquier idea especial acerca de la constitución atómica. En efecto, la existencia del cuanto elemental de acción, revela en los procesos físicos, un carácter enteramente nuevo de individualidad, que es por completo ajeno, a las leyes clásica de la mecánica o del electromagnetismo y, limita esencialmente su validez, a aquello fenómenos que ponen en juego acciones grandes, comparadas con el valor de un solo cuanto, dado por la constante de Planck.
Pues eso.
Continuará
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.