El átomo y los antiatomistas. VIII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
En el Estagirita, la oposición a los atomistas es evidente. La originalidad de Aristóteles, consiste en elevar la forma al nivel de “principio”, cuando, para los atomistas, no era más que una característica secundaria. Citemos al propio Aristóteles: “Consultando los escritos de los antiguos filósofos, podría creerse que el objeto de la física, no es otro que el de estudiar la materia; pues Demócrito y Empédocles apenas tratan la cuestión de la forma y la esencia. El arquitecto se ocupa, tanto de la forma de la casa, como de la materia de que está hecha, de los muros de piedra y de las partes de madera, en definitiva, de todas sus partes; y así podemos concluir que la física tiene que estudiar, las dos naturalezas a la vez”. Al mismo tiempo, esta dualidad cumple con el precepto de Aristóteles, según el cual, los principios son opuestos.
El antagonismo, entre el Estagirita y los atomistas, se hace aún más pronunciado, cuando nos fijamos en lo que cada uno de ellos, consideraba la fuente de nuestros conocimientos. Según Aristóteles, esta fuente se encuentra en los sentidos. El mundo es tal como lo percibimos, lo vemos, lo tocamos, lo oímos y lo olemos. Un objeto rojo “es” rojo, un objeto dulce “es” dulce. Esto representa un desplazamiento, hacia una concepción del mundo, de “cualidades”, que supuestamente constituyen su realidad intrínseca. Es pues, desde el principio, una concepción que está en conflicto, no solo con la de Platón, sino también, y de un modo flagrante, con la de los atomistas. Alexandre Koyré dirá: “Basándose como se basa, en la percepción sensible, la física de Aristóteles, es decididamente antimatemática”.
En íntima relación con el par de conceptos “materia-forma”, Aristóteles introduce la pareja “potencia-acto”, orientada a la solución del problema del cambio. El acto realiza la potencia, determina que la materia, que emerge de esta potencialidad, sea lo que es.
Podemos añadir, para arrojar luz sobre ciertos aspectos semánticos de su doctrina, que Aristóteles distingue entre la “materia primera”, un concepto filosófico que designa un sustrato indeterminado y, la “materia” a secas (lo que más tarde los escolásticos llamarán “materia segunda o secundaria”). Encontraremos nuevamente la problemática “sustancia-accidente”, en el corazón del conflicto, entre la atomística y la Iglesia.
Ninguna presentación, de los conceptos fundamentales de Aristóteles sería completa, sin hacer una mención de las cuatro causas que, según él, presiden la generación de todas las cosas y sus cambios. Además de las dos causas internas, identificadas como los dos principios – la materia, que deviene causa material; y la forma, que deviene causa formal – están las dos causas complementarias: la causa eficiente o motriz, que representa el agente o el factor iniciador y, ejecutor del proceso; y la causa final, que simboliza su propósito último, el “por qué” de las cosas.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.