El átomo y los antiatomistas. XII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Ahora ya podemos pasar al problema crucial, de la refutación del vacío y, por consiguiente, al rechazo de la existencia de los átomos. En apoyo de su rechazo, Aristóteles propone una serie de argumentos, los más importantes de los cuales, están en relación con su teoría del movimiento, campo en el que, desgraciadamente, cometió sus peores errores. Y digo ‘desgraciadamente’, porque las consecuencias que tendrán dichos errores, serán muy serias y, haciendo abstracción del problema, al fin y al cabo, circunscrito, de los átomos, constituirán una traba para el desarrollo de la ciencia, hasta el alba de los tiempos modernos. Su error fundamental fue el de no darse cuenta, de lo que después sería conocido, como “la ley de la inercia”. Aristóteles no podía concebir que un cuerpo en movimiento, se siga moviendo, siguiendo una línea rectilínea y uniforma, hasta que una fuerza exterior se oponga al mismo. Para Aristóteles, todo cuerpo en movimiento, tiene obligatoriamente que ser impulsado y acompañado, por un agente propulsor, un motor.
Un segundo error, no menos preñado de consecuencias, es el que afirma la distinción radical, entre dos tipos de movimientos, un movimiento “natural” y, un movimiento “forzado”. Según él, los cuatro elementos tienen una tendencia “natural” innata, a dirigirse espontáneamente hacia “arriba” (el fuego y el aire) o “hacia abajo” (la tierra y el agua) que son los “lugares naturales” destinados a recibirlos. Si añadimos a estas dos proposiciones, la afirmación igualmente incorrecta, según la cual la velocidad de un cuerpo en caída libre a través de un cuerpo, es inversamente proporcional, a la densidad de este medio, tenemos el corpus de leyes de una dinámica totalmente errónea.
Esta dinámica fue en parte la base de las objeciones de Aristóteles, contra el concepto de vacío. Mientras que, para los atomistas, sólo el vacío permite el movimiento, Aristóteles estaba convencido, de que no solo no era necesario recurrir al vacío, para explicar el movimiento, sino que en realidad el movimiento en el vacío, era imposible. En el vacío no habría lugares, ni direcciones “naturales”, ni arriba ni abajo, no podría existir el movimiento natural, de los cuatro elementos. Un cuerpo colocado en el vacío, no sabría a donde ir, no tendría ninguna razón, para dirigirse a un lugar, en vez de a otro ni, por lo tanto, para desplazarse. En efecto, una vez puesto en movimiento un cuerpo, su velocidad, que en el vacío no encontraría densidad alguna que le opusiera resistencia, sería infinita. El vacío es pues, incompatible a la vez, con el movimiento y con el reposo. Para Aristóteles, tales consecuencias convierten en absurda, la hipótesis del vacío. Y, según él, si el vacío no existe, tampoco los átomos pueden existir.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.