El átomo y los antiatomistas. XV
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
2. Los estoicos
Uno se hace estoico,
Pero nace epicúreo
Diderot
La doctrina física de los estoicos, constituye probablemente la expresión más nítida de la oposición antigua, a las enseñanzas de los atomistas y, en particular, a la de Epicuro. Los historiadores del estoicismo suelen distinguir, en la evolución de esta forma de pensamiento filosófico, tres grandes periodos: el del estoicismo antiguo (siglos IV-III aC), cuyos representantes más eminentes son Zenón de Citio, Cleantes de Asos y Crisipo de Soles; el del estoicismo medio (siglos II-I aC) con autores como Posidonio de Apamea y Panecio de Rodas, entre los principales; y el del estoicismo imperial (siglos I-II), representado por Séneca, Epicteto y Marco Aurelio. Pero la física estoica fue elaborada, de una forma casi definitiva, por Zenón (332-262 a.C.) y por Crisipo (277-204 a.C.).
Igual que el de los epicúreos, el universo de los estoicos se basa en dos “principios” corporales, no engendrados e indestructibles. El primero de estos principios – un principio pasivo – es la materia, cuya estructura la conciben como todo lo contrario de la naturaleza corpuscular que le atribuían los atomistas. De hecho, los estoicos son unos decididos defensores de la teoría continuista de la materia, en la que esta es infinitamente divisible y, cuyas partes, se comunican entre sí. El vacío, que era considerado por los atomistas, como la condición del movimiento, no les parece indispensable a los estoicos, para quienes el movimiento es posible en el espacio lleno, considerado como un medio elástico.
El segundo “principio” de los estoicos, es un principio activo, es el “pneuma”, que representa a la vez el soplo vital, la razón universal, el alma, el destino, Dios. El “pneuma” y la sustancia están estrechamente unidos, se interpenetran íntimamente. De esta proposición y de sus premisas, resultan varias consecuencias. Una de ella es una especie de grandiosa concepción panteísta del universo. Otra es una predilección por una teoría de la mezcla, que va más allá de una simple descripción, en el sentido de aglomeraciones o yuxtaposiciones, más o menos imbricadas de partículas elementales, hacia una auténtica reestructuración sintética, en la que las sustancias constituyentes desaparecen en beneficio de una nueva entidad, el germen de una teoría molecular de la materia.
Además, si la sustancia primera es eterna, el mundo, por su parte, es engendrado y corruptible.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.