El átomo y los antiatomistas. XIX
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
“Es imposible que un cuerpo en su totalidad penetre completamente a otro; pero el alma lo penetra todo, pues ella es incorpórea… Si alguien sostiene que los átomos, u otras entidades indivisibles, crean el alma con su concierto, la implicación de que diferentes partes del alma, tendrán que unirse y alcanzar la armonía, refutará esa tesis, pues no hay penetración ni armonía, entre objetos impasibles, e incapaces de unirse en un solo cuerpo; pero el alma está solamente en armonía consigo misma… Todo aquello que para existir, implica una composición, se descompone naturalmente en los elementos de que está compuesto; pero la naturaleza del alma es la de ser, una y simple, la de existir toda entera en el hecho de vivir; por ello nunca perecerá. ¿Acaso puede perecer, como sostiene algunos, por división y fragmentación? Ya hemos mostrado que no es ni una masa ni una cantidad. ¿Será por alteración que podré ser destruida? La alteración, cuando es causa de destrucción, suprime la forma, pero deja la materia; y esto solamente les ocurre a los seres compuestos. Si no puede, pues, ser destruida de ninguna de estas maneras, es que es necesariamente indestructible… Si alguien sostiene que toda alma es corruptible, todo habría ya perecido hace tiempo”.
De hecho, hubo también otros pensadores, que trataron de entrecruzar elementos, procedentes de diversas doctrinas. Citemos, a modo de ejemplo, a Estratón de Lámpsaco, segundo escolarca del Liceo después de Aristóteles. Influido por la filosofía epicúrea, que admitía el vacío, pero rechazaba los átomos (a los que, según Cicerón, denominaba “las fantasías de Demócrito”), sostuvo que los principios fundamentales, eran las dos cualidades de lo frío y lo caliente y, partiendo de un enfoque decididamente “mecanicista”, rechazó la teoría Aristotélica. Para gran satisfacción de Cicerón, sostenía que “el trabajo de los dioses, no es necesario para fabricar el mundo”. Así, dice Cicerón, “libra a Dios de un gran trabajo y, a mí de un gran temor. Pues, quién podría, en efecto, vivir pensando que Dios le presta atención incluso a él, sin temer día y noche, que la potencia divina cayera sobre él.
Diodoro de Cronos, es otro ejemplo digno de mención. Representante de la escuela de Megara, fundada por Euclides el Socrático, enseñaba, a finales del siglo IV aC, que la realidad física está constituida, de “cuerpos minúsculos y sin partes”, pero rechazaba la existencia del vacío.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.