Bohr. Biología y mecánica cuántica. VI
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Dicho todo lo dicho, sin embargo, el reconocimiento de que la delicadeza de la organización y, de los mecanismos reguladores de los seres vivos, sobrepasa todo cuanto pudiera esperarse, no basta en modo alguno, para explicar características peculiares de la vida. En verdad, los llamados aspectos espirituales y transcendentes, de los fenómenos biológicos, no pueden explicarse de modo inmediato por la característica de individualidad de los procesos atómicos, revelada por el descubrimiento del cuanto de acción. Más bien el carácter esencialmente estadístico de la mecánica cuántica, parecería aumentar, al menos a primera vista, la dificultad de comprender las leyes propiamente biológicas. En este dilema, sin embargo, la teoría atómica nos sugiere, que el único modo de reconciliar las leyes de la física, con aquellos conceptos adecuados para una descripción de los fenómenos de la vida, es examinar la diferencia esencial que se manifiesta, entre las condiciones de observación en física y en biología.
Pero, ante todo, hemos de comprender que todo dispositivo experimental, con el cual pudiera estudiarse, el comportamiento de los átomos, que constituyen un organismo, en la extensión en que ello es factible, para los átomos aislados, en los experimentos fundamentales de la física atómica, excluirá la posibilidad de mantener vivo al organismo. En este sentido, la existencia de la vida misma debe considerarse, tanto en lo que concierne a su definición como a su observación, como un postulado básico de biología que no podemos estudiar en sí, del mismo modo que la existencia del cuanto de acción, junto con la esencial atomicidad de la materia, forman las bases elementales de la física atómica.
Pero veremos como tal punto de vista, está por igual alejado, de las doctrinas extremas del mecanismo y el vitalismo. De un lado condena como inadecuada, toda comparación de los organismos con máquinas, sean estas las construcciones relativamente sencillas, proyectadas por los viejos ”iatrofísicos”, o los más modernos y refinados dispositivos amplificadores, cuya ponderación, por falta de crítica, nos expondría a merecer el apodo de ”iatrocuánticos”. De otra parte, rechaza como irracional, toda tentativa de introducir cualquier tipo particular de leyes biológicas incompatibles, con las bien establecida de la física y de la química, según se ha propuesto todavía en nuestros días, bajo la impresión de las maravillosas revelaciones de la embriología, sobre el crecimiento y la división celular. Ningún resultado de la investigación biológica, puede describirse sin ambigüedad, más que en términos de física y química.
Esta última cuestión nos lleva de nuevo, a los dominios de la psicología, donde las dificultades planteadas por los problemas de definición y observación, en las investigaciones científicas, han sido claramente reconocidos, mucho antes que tales cuestiones, llegaran a hacerse acuciantes en las ciencias de la Naturaleza. En efecto, la imposibilidad de hacer una distinción precisa, en el análisis psicológico, entre los fenómenos mismos y su percepción consciente, exige claramente que se renuncie a toda descripción causal, al modo de la física clásica; la misma forma en que se utilizan palabras tales como pensamientos y sentimientos, para describir experiencias psíquicas, recuerda muy sugestivamente, la “complementariedad” de la física atómica.
Pues eso
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.