Applebaum. Dudas sobre la democracia
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Cuando hace ya unos años, comenzó todo este movimiento de dudas sobre la democracia y, la floración de partidos autoritarios, muchos historiadores – incluso los que lo somos con “h” minúscula – experimentamos una especie de “déjà vu”, sino vivido, sí leído. Por ejemplo, Anne Applebaum, nos recuerda el diario personal, del escritor rumano Mihail Sebastián, que abarca los años de 1935 a 1944. En él relata la crónica de un cambio aun más extremo, producido en su propio país. Como Applebaum, Sebastián era judío, aunque no religioso y, también como ella, se situaba en la derecha política. En el diario describía cómo, uno a uno, sus amigos se habían sentido atraídos por la ideología fascista, del mismo modo que un grupo de polillas, se precipitan irremediablemente hacia una llama. Describía la arrogancia y la confianza en sí mismos, que habían adquirido todos cuando dejaron de identificarse como europeos – admiradores de Proust, aficionados a viajar a París – para, en cambio, pasar a autocalificarse como rumanos “de sangre y tierra”. En una novela autobiográfica que escribió al mismo tiempo, Sebastian nos cuenta como el narrador, le ofrece su amistad a un viejo conocido, de quien le había distanciado la política. “No, te equivocas – le responde este – nosotros dos no podemos ser amigos. No ahora ni nunca ¿No percibes el olor de la tierra que emana de mí?
Hoy ya no estamos en 1937. Y, sin embargo, en nuestro propio tiempo se está produciendo, una transformación paralela, tanto entre los pensadores, escritores, periodistas y activistas políticos, en las sociedades de eso que hemos dado en llamar Occidente. Y, en todas partes, esa transformación se está produciendo, sin la excusa de una crisis económica, como la que sufrieron Europa y Norteamérica, en las décadas de 1920 y 1930. La recesión de 2008-2009 fue importante, sí, pero retornó pronto el crecimiento, al menos hasta la pandemia del coronavirus. La crisis de los refugiados de 2015-2016 fue una conmoción, pero pronto remitió.
Sea como fuera, la gran mayoría de mis amigos y conocidos, no se han visto afectadas por ninguna de esas crisis. No han perdido sus empleos por culpa de los inmigrantes. Los ciudadanos que viven en la Europa oriental, no son ya víctimas de la transición política de 1989, ni de la política en ningún aspecto, salvo algunas pocas excepciones en Polonia o Hungría. Los que viven o vivimos en Europa occidental, no formamos parte de clases marginales empobrecidas, ni vivimos en aldeas olvidadas. Los que viven en EE.UU. no habitan en comunidades devastadas, ni frecuentan restaurantes baratos de comida rápida; de hecho, ni encajan en ninguno de los ociosos estereotipos, utilizados para describir a los votantes de Trump. Por el contrario, se han formado en las mejores universidades, con frecuencia hablan otras lenguas, viven en grandes ciudades y suelen viajar al extranjero. Entonces ¿qué ha provocado esta transformación ideológica-política? En mi modesta opinión, no hay una explicación única, ni dispongo de una solución universal. Pero sí, quizá, hay un tema de fondo: dadas las condiciones adecuadas, cualquier sociedad puede dar la espalda a la democracia.
Los antiguos filósofos, siempre tuvieron dudas sobre la democracia. Platón temía las “falsas y jactanciosas palabras” del demagogo y, sospechaba que la democracia, podía no ser más que un punto de partida, en el camino hacia la tiranía. Los primeros defensores estadounidenses del Gobierno republicano, también eran conscientes del reto que suponía, un líder corrupto para la democracia y, reflexionaron mucho, sobre la forma de crear instituciones, capaces de oponerle resistencia. La Convención Nacional de 1787 creó el colegio electoral, como medio de garantizar que un hombre que tuviera, lo que Alexander Hamilton denominaba “dotes para las bajas intrigas y las pequeñas artes de la popularidad”, nunca pudiera convertirse en presidente de los Estados Unidos. Aunque el Colegio Electoral, a la larga se ha convertido, en un mero organismo de certificación, se diseñó como una especie de junta de supervisión, que se encargaría de elegir al presidente, rechazando incluso la decisión popular en caso necesario, a fin de evitar los “excesos de la democracia”.
Pues eso.
(Continuará. )
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.