El átomo. El cristianismo primitivo medieval. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Antes de centrarnos en la teoría atómica, en el seno del mundo cristiano medieval, será útil buscar en las Sagradas Escrituras – en el Nuevo Testamento, por supuesto. El Antiguo es demasiado antiguo para ello.
Se encuentra efectivamente en los Hechos de los Apóstoles, una referencia explícita los epicúreos. Así, a propósito de una visita de San Pablo a Atenas, puede leerse: “Unos cuantos filósofos epicúreos y estoicos, se pusieron a hablar con él. Y unos le decían: “¿Qué quiere decirnos con sus discursos?... ¿Podemos saber cuál es esa nueva doctrina que endeñas?”. Pablo en pie en medio del Areópago, le dijo: “¡Atenienses! Creo que sois, en todos los sentidos, unos hombres sumamente religiosos. Recorriendo vuestra ciudad y, considerando los objetos de vuestras devociones, he descubierto que incluso habéis levantado un altar, con esta inscripción: ¡A un dios desconocido! Este al que reverencias sin conocerlo, es el que yo he venido a anunciaos”. Desgraciadamente, como es sabido, su discurso no fue muy bien recibido. “Cuando oyeron hablar de la resurrección de los muertos, unos se burlaron de él y, otros le dijeron: “Ya escucharemos lo que tienes que decir, en otra ocasión”.
Más allá de los textos bíblicos, lo que nos interesa aquí, es la actitud del mundo cristiano, respecto al atomismo, durante los quince siglos que van, desde finales de la Antigüedad hasta la Edad Media y, el alba de los tiempos modernos. Esta actitud es muy clara: la Iglesia, cuyo pensamiento domina, la mayor parte de este periodo, adoptará, de un modo prácticamente constante, una posición decididamente antiatomistas. Esto no constituye ninguna sorpresa, pues ninguna de sus enseñanzas fundamentales, les llevaba a reducir el universo entero, a unos elementos simples, indivisibles, idénticos, eternos y, ciegamente obedientes, a unas leyes puramente mecanicistas. Esta actitud de oposición, digamos natural, se vería reforzada por la influencia, de los dos grandes filósofos de la Antigüedad, Platón y Aristóteles, que rechazaron el atomismo y, que se repartieron a lo largo de loso siglos, los favores del cristianismo: la influencia de Platón, se ejerció de un modo casi hegemónico, hasta el siglo XIII y, fue sustituida, a partir de ese momento, por la de Aristóteles.
La aversión, respecto a una entidades indivisibles y, también a la idea de una sustancia primordial única, de la que derivaría el conjunto del mundo inanimado, animado y espiritual, la expresa claramente San Agustín: “¡Que se vayan estos filósofos, que atribuyen los principios corporales de la naturaleza, a una inteligencia ligadas a la materia, como Tales, que lo remite todo al agua; Anaxímenes, que lo remite al agua; los estoicos, que lo remiten al fuego; o Epicuro que lo remite a los átomos, es decir, a unos cuerpos infinitamente pequeños, que nadie puede divisar, ni percibir!! Pues algunos de ellos han creído, que unos seres inanimados, podía producir seres vivos. Estos han sido los epicúreos; estos filósofos y otros que se les parecen, no han podido imaginar en su ser, otra cosa, que su corazón esclavizado por los sentidos, ha podido hacerles ver”.
Pues eso.
(continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.