El átomo. El cristianismo primitivo medieval. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Además de repasar las Sagradas Escrituras, hemos de tener presente que la diversidad y las divergencias en las opiniones, de los filósofos griegos, ofrecieron un argumento de peso a los teólogos cristianos, para rechazar el conjunto de sus doctrinas. Así, Basilio de Cesarea (llamado Basilio el Grande) escribe en el siglo IV: “Sea lo que sea, que hayan podido decir los sabios griegos sobre la naturaleza, ninguna de sus tesis ha sobrevivido, ni ha podido mantenerse inquebrantable, pues siempre, quienes vinieron después, se dedicaron a destruir, lo que habían creado sus predecesores y, por consiguiente, resulta superfluo contradecirles. Ya se destruyen unos a otros ellos mismos. Y como no saben nada de Dios, no han podido ponerse de acuerdo, sobre el hecho de que una causa omnisciente, ha dirigido la creación del mundo. (Basilio de Cesarea especificará de todos modos que, inicialmente, Dios creo solamente la Tierra, dejando a la inteligencia que dio a los hombres, “reemplazar en la creación, a los otros tres elementos”, el fuego, el agua y el aire).
Cirilo de Alejandría, en el siglo siguiente, sigue la misma línea de pensamiento: “Ya que los hijos de los griegos, se enorgullecen de sus maestros de pensamiento, ya que creen intimidarnos, citando los nombres de Anaximandro, de Empédocles, de Protágoras y de Platón, digamos bien alto, que casi podemos verlos, blandir los unos contra los otros, sus divergentes doctrinas e, invocar, a propósito de cualquier elemento del mundo real, justificaciones irreconciliables”.
El propio San Agustín utiliza este argumento: “En filosofía, dices, no se puede saber nada con certeza y, para diseminar a lo largo y a lo ancho, tu opinión, te sirves de las querellas y, de las disensiones de los filósofos, con la idea de que ellas, te suministrarán armas contra ellos. Las tesis de la existencia, de los mundos múltiples, admitidas por los atomistas, es para San Agustín, otra causa de rechazo de su doctrina. En efecto, la Iglesia no puede admitir la reproducción, en innumerables copias del pecado original, de la reencarnación y de la Resurrección que sugeriría, o mejor dicho exigiría, la existencia de una multiplicidad de mundos.
Al rechazo de los átomos, la Iglesia añade el rechazo del vacío, eliminando de este modo, de su visión del mundo, los dos “principios”, sobre los cuales se basan, las enseñanzas de Demócrito y Epicuro.
La Iglesia si aceptaba, en cambio, la teoría de los cuatro elementos y, de los pares de cualidades, asociadas con ellas, en el sistema de Aristóteles. La adhesión, la expresan claramente los Padres de la Iglesia, concretamente Basilio de Cesarea, desde la segunda mitad del siglo IV, que especificará de todos modos que, inicialmente, Dios creo solamente la tierra, dejando a la inteligencia que dio a los hombres, “reemplazar en la creación, a los otros tres elementos”, el fuego, el agua y el aire.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.