Ratzinger versus Habermas
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Los que me conocen bien, saben que soy, en filosofía, un adicto a Jürgen Habermas y, en temas religiosos, un convencido agnóstico. Quizá por todo ello, me interesé vivamente en su día, por el debate habido entre Joseph Ratzinger y Jürgen Habermas.
Como muchos sabrán, este debate tuvo lugar en enero del 2004, en la Academia Católica de Baviera y, hoy nos lo recuerda, en un artículo, Pilar Rahola. Un debate entre la razón secular, encarnada por el filósofo y, la ¿razón? de la teología, defendida por el que después sería elegido Papa.
La razón y la fe ¿un choque inevitable o una alianza necesaria, entre conceptos que, en principio, serían mutuamente excluyentes? La grandeza del debate, entre ambas personalidades, radica justamente, en la respuesta a esta pregunta, que fluctúa desde que la Ilustración, había sustituido a la fe, como eje del pensamiento.
El filósofo aseguró que el Estado era autosuficiente, porque se basa en el derecho y, en la autorregulación democrática, pero el teólogo le recordó, que cuando la razón se cierra en ella misma, engendra monstruos como el totalitarismo. Y si Ratzinger argumentaba, que la religión puede aportar, el grosor moral, que la sociedad moderna está perdiendo, Habermas le recordaba, que la religión también engendra monstruos, como el fanatismo. Así que, reconocidos los monstruos de ambas razones, la secular y la teológica, la conclusión es grandiosa: razón y fe se tiene que escuchar y respetar. Primero, porque ni la ciencia puede dar respuesta, a todas las necesidades morales del ser humano, ni la fe tiene respuestas, para los enigmas científicos.
Pero, sobre todo, ambas tienen que preservar un diálogo constructivo porque, en palabras de Ratzinger, pueden actuar como “purificadoras mutuas”: la razón evita el fanatismo y el fundamentalismo religioso y, la fe evita que la razón pierda la brújula moral y, no se aleje de los valores humanos.
A partir de aquí, a mi entender, fue Habermas quien planteó un tipo de contrato, entre razón y fe, que repartía deberes: a los laicos les hacía falta dejar de percibir a la religión, como una irracionalidad y, entender que la razón religiosa, preserva verdades morales, que la ciencia no sabe precisar; y, a los creyentes, les hacía falta entender, que sus creencias religiosas, tenían que adecuarse a los preceptos legales y, que la fe no podía imponerse, por “razón de Dios”.
De este contrato entre razón y fe, saldría la sociedad postsecular, que aceptaba que la religión es una fuerza viva, que la política no puede ignorar.
Veintidós años después del debate, entre estos dos grandes pensadores, la grieta entre razón y fe, se ha mantenido viva, tanto como han crecido los “monstruos”, que ambas razones pueden generar. Por un lado, la deriva del fundamentalismo religioso, ha aumentado exponencialmente, sobre todo vinculado, al crecimiento del Islam ideológico, si bien también han crecido, otros fanatismos religiosos. Y por el otro lado, la “sequedad moral” (término que utilizó Habermas) de nuestra sociedad, ha alimentado las posiciones ideológicas más extremas y, ha sustituido los debates y las ideas, por las pancartas y las consignas, hasta el punto de que ser un librepensador, en esta época dorada de los dogmas virales, se ha convertido en anatema.
Vivimos en una sociedad, con más respuestas que preguntas y, más conformada por la masa que por los individuos. Tiempo de creencias religiosa fanáticas y, de dogmas ideológicos, igualmente fanáticos y, ni unos ni otros, dan sentido a la razón secular y a la teológica: al contrario, las niegan. En realidad, los dos fanatismos se retroalimentan y, matan las razones que les han creado.
Por todo ello, estimo, hay que regresar al debate Habermas-Ratzinger, porque es un faro de luz, en un tiempo oscuro. Nunca como ahora ha sido tan necesario, que la razón y la fe se “purifiquen mutuamente” y, nos permitan un espacio de entendimiento, desde donde dar respuesta, a los enigmas del ser humano.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.