Laicismo a dos bandas
- Escrito por Javier Sádaba*
- Publicado en Tribuna Libre
El laicismo, tal y como nació en Francia hace más de un siglo, exige la separación entre la Iglesia y el Estado. Es ese el habitual punto de discusión que enfrenta los poderes del Estado con la libre expresión de las personas. En cualquier caso, la separación citada es la referencia obligada de todo lo que envuelve al laicismo. Pero no estará de más, hacer una distinción que en general se pasa por alto y que es de importancia.
Es la que distingue entre laicismo teológico y laicismo práctico. En el primero, se juzga, tanto con respeto como con la fuerza de la razón, una determinada creencia religiosa. En las religiones que nos son más cercanas, estas se presentan con una serie de creencias en modo dogmático. Es, precisamente, lo que hace la teología. Y un laico podrá afirmar que en tales dogmas se exhiben como verdades lo que no resiste el filtro de lo razonable. No se entra en la conciencia del creyente. Se dice que sus creencias no casan con la razón. Como podría decirlo de la quiromancia o de la teosofía. Ahí se establece una disputa teórica y cada uno afilará su capacidad de defender lo que sea sin imponer nada a nadie. Esto en su tiempo se llamó Teología Natural. Hoy podríamos darle el nombre de laicismo teórico. Y no vendría mal que se ejerciera con mayor frecuencia.
El laicismo al que nos solemos referir, sin embargo, se centra en los aspectos prácticos de una concreta política. Por ejemplo, en los privilegios en economía, educación y otras más o menos disimuladas prebendas, que favorecen a la Iglesia católica en España. Recientemente, Europa Laica ha puesto en pie un Manifiesto para que se derogue de una vez por todas el viejo Concordato con la Santa Sede. Pienso que esta labor de denuncia de unos determinados y antidemocráticos hechos es indispensable para lograr un real Estado aconfesional. Pero pienso también que un mayor conocimiento de las creencias sería una excelente ayuda para situar eficazmente el debate. Como diría el clásico, desunir teoría y práctica es desdibujar a una y a otra.
*Grupo de Pensamiento Laico