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Seducidos por el autoritarismo


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Los acontecimientos del 11-S, probablemente mantuvieron unidos a grupos muy conservadores, mucho más tiempo del que hubiera sido el caso, en circunstancias distintas. Pero el final de la velada en casa de Brock (de la que hablamos en el anterior escrito) resultaría ser de nuevo, otra fiesta cuyos asistentes dejarían de hablarse. Sólo dos años después de que se celebrara, el propio Brock, en un artículo titulado “Confesiones de un sicario de derechas”, abjuraba de su postura anterior, acusando a la derecha de “intolerancia intelectual y pensamiento grupal prepotente”.

La propia ruptura de Anna Applebaum, con el conservadurismo del Partido Republicano, se produjo en 2008, gracias al auge de Sarah Palin - que era una especie de proto-Trump – y al uso de la tortura en Irak, por parte de la Administración Bush. Incluso escribió un artículo titulado “Por qué no puedo votar a John McCain”, en el que explicaba su visión de cómo había cambiado el partido. McCain, que había pronunciado un maravilloso discurso, en la presentación en Washington del libro de aquella “Gulag: Historia de los campos de concentración soviéticos”, jamás volvería a dirigir la palabra a la periodista. Pero sólo cuando Donald Trump, se convirtió en el candidato del partido, Applebaum supo hasta qué punto se había distanciado su cosmovisión, de la de algunos de sus amigos estadounidenses. El pequeño grupo de “jóvenes conservadores”, se había partido limpiamente por la mitad.

En 2017, Sam Tanenhaus publicó un artículo sobre una fiesta, esta vez en la revista “Esquire”. Era la fiesta que habían dado los Frum en su residencia de Washington, con motivo de la publicación del libro de Applebaum “Hambruna roja: La guerra de Stalin contra Ucrania”, una obra de total actualidad hoy. “Para muchos de los invitados a la fiesta, el auge de Trump cambió el antiguo dicho de “Eso puede pasar aquí”, por algo más terrible y acuciante: “Está pasando ahora y hay que pararlo”.

No todos los viejos amigos de Applebaum pensaban lo mismo. Y lo cierto es que, a muchos de ellos, ya no se les invitaba a ciertas fiestas. La lista de invitados a las mismas de la década de 1990 y, las redactadas por los mismos amigos a finales de 2010, eran muy distintas. Para empezar, ahora había un puñado de demócratas de centroizquierda. También había algunas ausencias. Robert Kimball, por ejemplo, no figuraba en las mismas. En 1992 había escrito una reseña de “La trahison des clercs”, parte de la cual se publicaría más tarde, como introducción a una nueva edición inglesa, del famosos libro de Benda. En aquel texto, Kimball señalaba en tono aprobatorio que Benda – “que escribía en un momento en que los odios étnicos y nacionalistas, estaban comenzando a desgarrar Europa” – se oponía al partidismo y creía en “·el ideal de la imparcialidad, la universalidad de la verdad”. Por entonces, quizá debido a que “los odios étnicos y nacionalistas”, iban en aumento en Yugoeslavia y la antigua Unión Soviética, juzgaba apropiado ensalzar el ideal de neutralidad intelectual.

Pero en 2019 Kimball se había convertido en el extremo opuesto a la imparcialidad; tampoco es que se sintiera especialmente apegado a la “universalidad de la verdad”. Durante las audiencias del “impeachment” de 2019, redactó una serie de artículos para una web pro-Trump, llamada “American Greatness”, donde ignoraba o se mofaba repetidamente, de las pruebas de que Trump había violado la ley, pruebas que ni los propios abogados del presidente cuestionaban. Kimball en 2019, comparaba a los demócratas del Congreso, con “la airada turba que apoyó a Barrabás ante Poncio Pilato”, una declaración que equiparaba, implícitamente, a Trump con Jesucristo. No mencionaba para nada, la cobardía de los senadores republicanos que, con la sola excepción de Mitt Romney, tenían miedo de reconocer que el presidente, había utilizado los elementos de la política exterior estadounidense, en beneficio personal. La “crisis de coraje” estaba allí mismo, ante sus propias narices. Pero Kimball era ya incapaz de verla.

Pues eso.

(Continuará)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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