El átomo. El cristianismo primitivo medieval. VI
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Antes de seguir adelante, recordemos que, en la física de Aristóteles, toda sustancia se compone de una “materia” y una “forma”, siendo la primera la extensión y la cantidad y, agrupando la segunda, el conjunto de las propiedades de este sustrato.
La sustancia se presenta simplemente, a nuestros sentidos, como un conjunto de accidentes (color, consistencia, olor, sabor… etc.) que son específicos de ella y, que nos permiten identificarla. Según esta concepción, el milagro eucarístico representa la ruptura, del vínculo existente, entre la sustancia y sus accidentes. En este milagro, la sustancia del pan desaparece, reemplazada por la sustancia del Cuerpo de Cristo, mientras que los accidentes del pan subsisten. Se produce un desacoplamiento, único en la naturaleza, de un conjunto normalmente indisociable, la aparición y la persistencia, de “accidentes sin causa”. Nuestros sentidos tienen la impresión, de que está tratando con pan, cuando ya no es pan, de estar tratando con vino, cuando ya no es vino.
Ahora bien, si este desacoplamiento es perfectamente concebible, en la física de Aristóteles, aunque sea en la forma de milagro, no lo es de ningún modo, en la teoría atómica, que rechaza la existencia real, independiente, de las cualidades sensibles. Según esta teoría, solamente son reales, como hemos visto, los átomos (y el vacío), y la percepción de las cualidades sensibles, resulta únicamente, de los movimientos de estas partículas, por medio de los cuales entran en contacto, con los órganos de nuestros sentidos y, los impresionan. Las cualidades sensibles, no tienen existencia independiente, “per se”. Cuando una sustancia (el pan o el vino) desaparece, de sus cualidades no queda más que el nombre. Tomando prestado el lenguaje de Demócrito, podríamos decir que solamente existen “por convención”. En estas condiciones, si los efectos sensibles son producidos por los átomos, la persistencia de estos efectos, en la sagrada forma, implica, necesariamente, la persistencia de los átomos del pan. La sustancia sigue siendo el pan, lo que contradice el dogma. Podría concebirse, sin embargo, una solución de compromiso, la de la consubstanciación, la coexistencia en la hostia consagrada, del cuerpo de Cristo y del pan. Adoptada por Lutero, esta solución fue rechazada, por la Iglesia católica.
El conflicto es, pues, insuperable. Siempre presente durante la Alta Edad Media, según una tesis reciente, adquirió un carácter crítico, a comienzos de la época moderna, debido a las implicaciones, del caso Galileo. Los atomistas cristianos de la Edad Media, de los que volveremos a escribir, se reclutaban precisamente, entre quienes se oponían al hilemorfismo de Aristóteles.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.