Mecánica cuántica. Schrödinger y Heisenberg. IV
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
La función de onda no tiene realidad física, solo existe en el reino misterioso y fantasmal de lo posible. Tiene que ver con posibilidades abstractas, como todos los ángulos de desviación que puede asumir el electrón, tras la colisión con un átomo. Existe una diferencia abismal, entre lo posible y lo probable. Max Born afirmaba que el cuadrado de la función de onda, un número real, que no complejo, se mueve en el mundo de lo probable. El cuadrado de la función de onda, por ejemplo, no nos indica la posición real de un electrón, sino tan sólo la probabilidad de encontrarlo, en tal o cual región. Si, por ejemplo, el valor de la función de onda de un electrón en X, dobla al de su valor en Y, la probabilidad de encontrarlo en X, duplicará al de la probabilidad de encontrarlo en Y. Aunque lo más cierto, es que puede ser encontrado en X, en Y, o en cualquier otro sitio.
Niels Bohr, el danés de oro, no tardaría en afirmar, que un objeto microscópico como un electrón, no existe hasta el momento en que hacemos una observación, o realizamos una medida. Entre una medida y la siguiente, el electrón no existe, más allá de las posibilidades abstractas de la función de onda. Sólo cuando se lleva a cabo una observación o medida, “la función de onda se colapsa”, uno de los estados “posibles” del electrón, se convierte en el estado “real” y, la probabilidad del resto de las alternativas, pasa a ser cero.
La ecuación de Schrödinger describía, para Born, una onda de probabilidad. No existen ondas electrónicas reales, sino tan sólo, ondas abstractas de probabilidad. “No existe, desde el punto de vista de nuestra mecánica cuántica, cantidad alguna que, en un caso individual, determine casualmente el efecto de una colisión”, escribió Born. Y luego confesaba “creo que, en el mundo atómico, deberíamos renunciar al determinismo.
Born se dio cuenta de que, había introducido, en el ámbito de la física, un nuevo tipo de probabilidad. “La probabilidad cuántica”, a falta de mejor término, no era la probabilidad clásica de la ignorancia, que teóricamente podía ser eliminada, sino, por el contrario, un rasgo esencial de la realidad atómica. La imposibilidad, por ejemplo, de determinar el momento exacto, en que un átomo concreto de una muestra radiactiva se degrada y, la certeza de que alguno podría hacerlo, no se deben a una falta de conocimiento, sino que son el resultado de la naturaleza probabilística de la regla cuántica, que rige el proceso de degradación radiactiva.
Schrödinger desdeñaba la interpretación probabilística de Born. Él no aceptaba que la colisión de un electrón, o de una partícula alfa con un átomo, fuese “absolutamente accidental”, es decir, “completamente indeterminada”. No había modo, dicho de otra manera, si Born estaba en lo cierto, de eludir el salto cuántico, lo que amenazaba de nuevo la causalidad. Schrödinger nunca abandonó, su interpretación de la mecánica ondulatoria y, el intento de esbozar alguna imagen representable del fenómeno atómico. “No puedo imaginar que el electrón salte como lo hace una pulga” dijo en frase memorable, en cierta ocasión.
Zúrich quedaba fuera del triángulo dorado cuántico, formado por Copenhague, Gotinga y Múnich. Pero a medida que, durante la primavera y el verano de 1926, la nueva física de la mecánica ondulatoria, se expandía por la comunidad física europea, como un reguero de pólvora, eran muchas las personas interesadas, en escuchar lo que Schrödinger tenía que decir, acerca de su teoría. No es de extrañar que, en cuanto llegó una invitación de Arnold Sommerfeld y Wilhelm Wien, para impartir dos conferencias en Múnich, Schrödinger aceptase rápidamente. La primera de ellas fue un tanto rutinaria, aunque bien recibida. La segunda no lo fue. Heisenberg que, a la sazón, se hallaba pasando una temporada en Copenhague como asistente de Bohr, regreso a Múnich a tiempo ambas conferencias, ante de irse a la montaña de excursión.
Pues eso.
Continuará.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.