Bohr. Unidad del conocimiento. VIII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
El carisma de Niels Bohr, su capacidad para inspirar afecto y confianza y, la paradójica habilidad de persuasión, que manifestaba en las discusiones, dotaba al Instituto de un “estilo” especial, de un carácter que dejaba su impronta y, que se conoció como “Der Kopenhagener Geist”. Por allí pasaron, entre otros muchos Max Born, C. G. Darwin, P. A. M Dirac, P. Ehrenfest, J. Franck, G. Gamov, S. A. Goudsmit, W. Heisenberg, H. Heitler, E. P. Jordan, O. Klein, H. A. Kramers, L. D, Landau, A. Landé, Y. Nishina, W. Pauli, L. Rosenfeld, E. Schrödinger, J. C. Slater, G. E. Uhlembeck… etc. Una pléyade de científicos notables de muchos países diferentes, entre los que se encontraban todos los fundadores de la teoría o mecánica cuántica, amén de un buen número de premios Nobel.
Durante los años veinte, Bohr fue menos un iniciador en el progreso de la física y, más un mentor y crítico penetrante, de los desarrollos que iban haciendo los investigadores más jóvenes, en particular de Broglie, Dirac, Heisenberg, Jordans, Kramers y Pauli. Se centro, así, en lo que llegó a ser su máxima preocupación: la interpretación física del formalismo matemático de la mecánica cuántica, el análisis gnoseológico de las situaciones físicas y, el papel del lenguaje, al hacer explícito el resultado de las medidas. Las consideraciones que fue haciendo sobre estos temas, a lo largo de todos esos años, tomaron forma definida en 1927 y, las presentó en público por primera vez, en septiembre de ese mismo año, con motivo del Congreso de Física que tuvo lugar en Como (Italia) para conmemorar el centenario de la muerte de Volta. Ese famoso trabajo, en el que se introduce el “principio de complementariedad”, lo estudiaremos en un próximo capítulo. Bohr le dedicó siempre a este tipo problemas una atención especial y, en torno a ellos construyó una posición filosófica bastante original, con la que abordó el análisis, de asuntos pertenecientes a campos tan dispares y separados de la física, como pueden ser la sociología, la psicología o la biología. Su capacidad para percibir la verdadera naturaleza de las cosas, su penetrante lucidez y su prominente posición, hicieron que sus nuevas ideas se propagasen con rapidez y contundencia. Sólo un pequeño e influyente núcleo de científicos – entre los que se hallaban Planck; Einstein y Schrödinger – se resistió a su avance inexorable.
Pues eso.
Continuará
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.