Jürgen Habermas
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Daniel Innerarity nos contaba el otro día algunas cosas sobre Habermas. La mayoría de las mismas ya las conocía, pero confieso que me encantó recordarlas.
Jürgen Habermas, como la mayoría de los grandes pensadores, escucha y pregunta mucho más que interviene. Cuando se habla con él, uno no puede evitar la sensación, de estar conversando con uno de los más grandes, tal vez con el último de esos intelectuales públicos, que han gozado de una autoridad que en la era de las redes sociales, y de la inmediatez, comenzamos a echar de menos.
En mi modesta opinión, el legado de Habermas no será tanto su inmensa obra escrita, como ese aprecio de lo público y lo común, que es más una virtud cívica, una actitud intelectual, que una teoría. Habermas es, antes que nada, un entusiasta de la conversación, alguien convencido de que cuanto vale la pena, ha sido el resultado de una empresa común, de lo que hemos dicho y hecho entre todos. Su preocupación fundamental ha sido siempre, como proteger y mejorar ese espacio de la intersubjetividad, porque es ahí donde realizamos los verdaderos descubrimientos y, sobre todo, el lugar en el que se edifica la convivencia democrática.
La amplia cultura de Habermas, no es tanto agregación de informaciones – como la mía – sino transversalidad que ha constituido como un diálogo interior. En sus propuestas filosóficas nos encontramos con Kant, Marx y Adorno, pero no como unas piezas mudas de museo, sino como interlocutores – dice Innerarity – a los que podemos poner a hablar con Austin, Derrida, Rawls y tantos otros. La totalidad no está construida en la mente de Habermas como un sistema, sino como una conversación de muchos interlocutores. Y este gusto por las interpretaciones generales del mundo y la cultura, es algo que nos parece, al menos a algunos, como algo extemporáneo en una época de fragmentación y especialismo.
A Habermas le debemos algo que, más que una teoría, es un hilo conductor de su visión del mundo: situar al ser humano que dialoga, en el centro de todas las soluciones. Algo que no deja de recordarme siempre a Hannah Arendt, en su visión del espacio público, la “polis”, como el lugar en que los hombres nos encontramos, para hablar e intercambiar ideas.
Si Voltaire resumía todos nuestros deberes, en que hemos de cuidar nuestro jardín, Habermas parece haber traducido esa metáfora, en el cuidado de la conversación. Nos recuerda con ello que el dominio público, no debe ser considerado como un gigantesco y solemne debate entre los poderosos de este mundo, sino también como una charla de sobremesa en la que, por cierto, no siempre estamos todos de acuerdo.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.