Los griegos. Heráclito. VIII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Nuestro propósito estos días, en suma, es explorar esta nueva vía de interpretación de Gadamer, de los estudios heraclíteos que – en lo posible – no pierda de vista, los problemas que suscita para el pensamiento contemporáneo, así como para la ciencia, la comprensión de la naturaleza. No se trata de un camino unilateral, sino repleto de encrucijadas. Del mismo modo, tampoco se trata de descartar o sustituir otras interpretaciones, ni de prescindir de ellas, sino – acaso – de completarlas. Tendremos presente en todo momento, la enorme distancia – temporal e intelectual – que separa a Heráclito, de nuestro horizonte epistemológico. Simplemente entendemos que su pensamiento, no carece de actualidad, ni se reduce a la tópica constatación, del incesante devenir de la naturaleza.
El hombre es el único ser del cosmos, que entrevera lo óntico y lo ontológico. Esa fue acaso, la más alta enseñanza de los presocráticos, la necesidad de pensar unidos, los dos temas capitales, de la filosofía griega: por un lado, el estudio de la naturaleza, entendida como sustento básico, como esencia y primer principio, de cada ente; por otro, el estudio del hombre, entendido como ser natural y “animal racional”, que tiene la capacidad de cuestionar, todo lo que le rodea, para intentar comprenderlo.
La necesidad de pensar unidos, los problemas cósmicos y, los problemas humanos, que puso de manifiesto la filosofía presocrática, ha sido retomada en nuestro tiempo, por la física. Pero, aunque se consiga culminar esta revolución inacabada, que intenta la unificación de las fuerzas fundamentales del universo, aún quedará una cuestión básica por resolver. Como dijo Max Planck: “La ciencia es incapaz de resolver, el misterio último de la naturaleza. Y ello se debe, en un último análisis, a que nosotros mismos, formamos parte de la naturaleza y, por tanto, del misterio que estamos intentando resolver”.
A pesar de encontrarse en un mundo que le sobrepasa y, que no entiende por completo, el ser humano se halla íntimamente emparentado, con el sentido más profundo del mismo, del que no sólo es un insaciable buscador, sino, además, un distraído portador. Por eso su condición es “trágica”, simétrica, a un tiempo que asimétrica, porque obedece – sin saberlo – a la razón que todo lo gobierna. El hombre, atrapado entre dos mundos, uno propio, otro común, es un “microcosmos- en – tensión”, asediado por un conflicto irresoluble, en el límite que separa, el sueño de la lucidez.
El hombre se cuestiona a sí mismo, cuestionando la naturaleza, esto es, interioridad y exterioridad, son dos ámbitos permeables y, absolutamente correlativos. Por eso se puede afirmar que Heráclito, es el primer “filósofo de la naturaleza, stricto sensu”, no porque sea el primero que se ocupe de ella, pues ya lo hicieron los milesios, sino porque entendemos, que fue el primero que lo hizo, de un modo propiamente “filosófico”, buscando relaciones y conexiones, que permitan pensar y, reunir en unidad, lo que aparentemente, no es más que fragmento disperso y multiplicidad.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.