Mecánica cuántica. Schrödinger y Heisenberg. VII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Una semana antes de la Navidad de 1926, Schrödinger y su esposa, viajaron a los EE. UU, donde él había aceptado una invitación de la Universidad de Wisconsin, para dar una serie de conferencias, por las que recibiría la espléndida suma de 2.500 dólares. Luego cruzaron el país de un lado a otro, dando cerca de 50 conferencias. En la época en que regresó a Zúrich, en abril de 1927, Schrödinger había rechazado ofertas de trabajo, porque tenía el ojo puesto en un premio mayor, la cátedra de Max Planck de Berlín.
Planck ya estaba a punto de retirarse, el 1 de octubre de 1927, al puesto de profesor emérito. Por otra parte, Heisenberg, de 24 años, era demasiado joven para una posición tan elevada. Arnold Sommerfeld fue la primera elección, pero, a los 59 años, decidió quedarse en Múnich. Las únicas alternativas claras que quedaban eran Schrödinger y Max Born. Schrödinger había sido contratado como sucesor de Planck y, fue su descubrimiento de la mecánica ondulatoria, lo que le dio el espaldarazo final.
Así fue como, en agosto de 1927, Schrödinger se mudó a Berlín y, descubrió que Einstein estaba tan descontento como él, con la interpretación probabilística de Born, de la función ondulatoria.
Einstein había sido el primero en introducir, en 1916, la noción de probabilidad, en el ámbito de la física cuántica, cuando proporcionó la explicación de la emisión espontánea de cuantos de luz, en el salto de un electrón, de un nivel de energía a otro. Diez años más tarde, Born había esbozado una interpretación de la función de onda y de la mecánica ondulatoria, que podía explicar la probabilidad de los saltos cuánticos. Pero Einstein no estaba dispuesto a pagar el elevado precio, que ello suponía: la renuncia a la causalidad.
En diciembre de 1926, Einstein había expresado, en una carta a Born, su creciente preocupación, por el rechazo de la causalidad y el determinismo. Fue entonces cuando pronunció, aquellas palabras que se han hecho famosas: “De algún modo estoy convencido, de que Dios no juega a los dados con el universo”. Una vez trazadas las líneas de la batalla, Einstein se convirtió, sin saberlo, en la inspiración de un avance extraordinario, uno de los logros más grandes y profundos, de la historia de los cuantos: el principio de incertidumbre.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.