Bohr. Física y culturas humanas. IV
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
El cambio radical producido en nuestra actitud hacia la descripción de la Naturaleza, motivado por el desarrollo de la física atómica, queda ilustrado quizá del modo más evidente, por el hecho de que aun el principio de causalidad, considerado hasta entonces como fundamento indiscutible, de toda interpretación de los fenómenos naturales, ha demostrado ser un marco demasiado reducido, para abarcar todas las leyes particulares que rigen los procesos atómicos individuales. Ciertamente, se comprenderá que los físicos han necesitado razones muy convincentes, para renunciar al ideal de causalidad; pero el estudio de los fenómenos atómicos nos ha enseñado repetidamente, que cuestiones a las que creíamos haber dado, hace largo tiempo, respuesta definitiva, nos tenían reservadas muchas sorpresas inesperadas.
Mientras que en la teoría de la relatividad, el punto decisivo fue reconocer que observadores que se mueven unos respecto a otros, debían describir el comportamiento de objetos dados de modos esencialmente distintos, la dilucidación de las paradojas de la física atómica ha revelado el hecho de que la interacción inevitable entre objetos e instrumentos de medida, fija un límite absoluto a nuestra posibilidad de hablar de un comportamiento de los objetos atómicos, independiente de los medios de observación.
Nos enfrentamos aquí con un problema epistemológico enteramente nuevo en la física, en la que toda descripción de los hechos experimentales, había estado basada hasta aquí en la hipótesis, inherente ya a los convenios ordinarios del lenguaje, que es posible distinguir con precisión, entre el comportamiento propio de los objetos, y los instrumentos de observación. Esta hipótesis no solo está plenamente justificada por nuestra experiencia diaria, sino que constituye la base total de la física clásica, que, precisamente gracias a la teoría de la relatividad, ha alcanzado maravillosa perfección. Sin embargo, tan pronto como consideramos fenómenos tales como los procesos atómicos individuales, que por su propia naturaleza quedan esencialmente determinados, por la interacción entre los objetos estudiados y los aparatos de medida necesarios, para definir las condiciones de la experiencia, debemos examinar más de cerca que clase de información es posible obtener así de los objetos.
Pues eso.
Continuará
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.