Bertrand Russell (002). del valor del escepticismo (I)
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Cultura
Bertrand Russell se disculpaba de antemano, por proponer al potencial lector, una doctrina que podría parecer disparatada, paradójica y subversiva. La doctrina en cuestión era esta: “aunque resulte indeseable creer en una proposición, cuando no existe fundamento alguno, para suponerla cierta, debemos admitir, lógicamente, que si dicha opinión se extendiera, tanto nuestra vida social, como nuestro sistema político, se verían transformados por completo”.
Russell no era ningún extremista. Era un liberal británico, que participó de la británica tendencia al compromiso y la moderación. Debemos recordar la anécdota que se cuenta de Pirrón, el fundador del pirronismo (que es el nombre que los antiguos griegos daban al escepticismo). Este filósofo sostenía, que nuestro conocimiento jamás alcanza a garantizarnos, que un determinado proceder, resulta más sensato que otro. Siendo joven y hallándose una tarde de paseo, vio que su profesor de filosofía, se daba de bruces en una zanja y no podía salir de ella. Tras contemplarle un buen rato, el alumno continuó su camino, asegurando que no existía fundamento suficiente, para pensar que fuese, en modo alguno positivo, sacar al anciano del atolladero. Otros compañeros suyos, menos escépticos, efectuaron el rescate, recriminando a Pirrón por su crueldad, sin embargo el maestro, fiel a sus preceptos, elogió su coherencia.
Desde luego Russell, no pretende abogar a favor de tan heroico escepticismo. Está dispuesto a aceptar, las creencias ordinarias del sentido común, sino en teoría, sí al menos en la práctica. No tiene inconveniente en admitir, toda conclusión adecuadamente contrastada de la ciencia, aunque no a la manera de algo indubitablemente cierto, sino en tanto que realidad de probabilidad suficiente, como para ofrecer un asidero a la acción racional. Considera que si se anuncia, que en tal o cual fecha, habrá de producirse un eclipse lunar, vale la pena salir a comprobar, si efectivamente se produce.
Hay cuestione en las que vienen a ponerse de acuerdo, todos los que se encargan de investigarlas. Las fechas de los eclipses, de los que hablábamos, pueden servir como ejemplo pertinente. Pero existen otros asuntos, en los que los expertos no logran ponerse de acuerdo. E incluso, en el caso de que todos los expertos coincidieran, podría darse perfectamente el caso de que se engañaran. Tampoco hace tanto, que el punto de vista que sostenía Einstein, en relación con la magnitud de la curva gravitatoria de la luz, mereció el rechazo de todos los estudiosos y, sin embargo, se trata de una proposición, que se ha revelado verdadera.
El escepticismo que Russell defiende, no equivales sino a esto: 1) que mostrándose de acuerdo los expertos, no es posible afirmar que la posición contraria sea segura; 2) que no existiendo dicha concordancia, las personas que no sean expertas, no pueden considerar segura ninguna opinión; y 3) que si todos los expertos sostienen, que no hay base suficiente, para emitir un juicio taxativo, el hombre corriente hará bien en dejar en suspenso, su propio criterio.
Cuando existen bases racionales para emitir una opinión, la gente se contenta con exponerlas y con esperar, a que estas hagan su labor. En tales casos, las personas no sostienen sus juicios con vehemencia, los mantienen de manera sosegada y, despliegan tranquilamente sus razones. Las opiniones que se defienden con pasión, son siempre aquellas que no se sustentan en un fundamento cierto. De hecho, la pasión es la medida indicadora, de que el defensor de un juicio, carece de convicción racional. En política y religión, las opiniones se mantienen, casi siempre, con verdaderos ardor.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.
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