La selección de las hipótesis
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Sabemos que en la ciencia, el resultado de la experimentación es la “selección” de las hipótesis, que han superado bien los experimentos, o la “eliminación” de aquellas que no los han superado y que, por lo tanto, quedan rechazadas.
Todos los experimentos pueden interpretarse, como intentos de extirpar teorías falsas; de encontrar los puntos débiles de una teoría, para rechazarla si queda refutada por el experimento.
A veces se considera esta actitud como paradójica: nuestra finalidad, se dice, es establecer la verdad de una teoría, no eliminar las teorías falsas. Pero precisamente por eso, porque nuestra finalidad es establecer la verdad de las teorías, debemos experimentarlas lo más severamente que podamos: Esto es, debemos intentar encontrar sus fallos, debemos intentar refutarlas. Sólo si no podemos refutarlas, a pesar de nuestros mejores esfuerzos, podemos decir que han superado bien severos experimentos. Esta es la razón por la cual, el descubrimiento de los casos que confirman una teoría, significa muy poco si no hemos intentado encontrar refutaciones, y fracasado en el intento. Porque si no mantenemos una actitud crítica, siempre encontraremos lo que buscamos. Buscaremos y encontraremos confirmaciones, y apartaremos la vista de cualquier cosa, que pudiera ser peligrosa para nuestras teorías favoritas, y conseguiremos no verla.
De esta forma, es muy fácil conseguir lo que parecen, lo que “nos” parecen, pruebas aplastantes a favor de una teoría – lo vemos a diario en política – que si se hubiera mirado críticamente, hubiese sido refutada. Con el fin de que el método de la selección por eliminación funcione, y para asegurar que sólo las teorías más aptas sobrevivan, su lucha por la vida tiene que ser severa.
Este es, en líneas generales, el método de todas las ciencias, que se apoyan en la experimentación. Pero ¿qué hay de las “generalizaciones inductivas”, y de la forma en que se pasa de la observación a la teoría?
Popper nos proporciona dos respuestas. A) No cree que hagamos nunca generalizaciones inductivas, en el sentido de que empecemos con observaciones, e intentemos derivar nuestras teorías de ellas. Opina que en ninguna fase del desarrollo científico, comenzamos sin algo que tenga la naturaleza de una teoría como, por ejemplo, una hipótesis, o un prejuicio, o un problema, que de, alguna forma, “guíe” nuestras observaciones, y nos ayude a seleccionar, de los innumerables objetos de observación, aquellos que pueden tener interés. Y B) Piensa que tiene poca importancia, desde el punto de vista de la ciencia, el que hayamos obtenido nuestras teorías sacando conclusiones injustificadas o, sencillamente, tropezando con ellas (es decir, por “intuición”) o también por algún procedimiento inductivo.
Todo eso, estimo, no es sólo verdad para las ciencias naturales, sino también para las ciencias sociales. En las ciencias sociales es, si cabe, más obvio. En las sociales no podemos ver y observar nuestros objetos, antes de haber pensado en ellos, pues en éstas, la mayoría de los objetos, sino todos ellos, son objetos abstractos, son construcciones “teóricas”. Estos objetos, estas construcciones teóricas, usados para interpretar nuestra experiencia, resultan de la construcción de ciertos “modelos” (especialmente de instituciones) con el fin de explicar ciertas experiencias.
Esto forma parte del método de explicación, por medio de la reducción o, dicho de otra manera, de deducción a partir de hipótesis. Es frecuente el no darnos cuenta, de que estamos operando con hipótesis o teorías y, por tanto, confundimos nuestros modelos teóricos, con cosas concretas. Es esta una clase de confusión, mucho más frecuente de lo que pensamos.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.