Los fantasmas de la juventud
Leonard Woolf pensaba encontrar en Cornouailles, el bálsamo que aliviaría los dolores de Virginia, el que el desdichado Jeremías esperaba, equivocadamente, encontrar en el país de Galaad, para “curar a la hija de mi pueblo”. Así que ellos se dirigieron al oste y, visitaron Coverack y Penzance, ante de hacer un alto en casa de Will y Ka Arnold-Foster, su extraña casa, el nido de águila, encaramado sobre un acantilado, a algunos kilómetros de Saint-Ives.
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