Cómo ‘El diablo viste de Prada 2’ habla del lenguaje oculto de la moda
- Escrito por Rebecca Scott
- Publicado en Café Society
Emily Blunt, Meryl Streep, Anne Hathaway y Stanley Tucci posan en la sesión fotográfica de El diablo viste de Prada 2. Associated Press/Alamy
La moda siempre ha hecho algo más que abrigarnos. Es también un lenguaje social que organiza discretamente ideas de estatus, gusto y pertenencia.
Lo que hizo que la primera entrega de El diablo viste de Prada (2006) fuera tan gratificante fue ver cómo la protagonista, Andy Sachs (Anne Hathaway), aprendía, a menudo por las malas, que la ropa nunca era solo ropa. Al principio, no podía interpretar lo que la ropa comunicaba en la habitación. Al final, comprendió su lenguaje.
El diablo viste de Prada 2 retoma esa idea y la desarrolla. Aquí, la moda habla claramente sobre quiénes creemos ser y en quiénes nos gustaría convertirnos. Debajo de las frases ingeniosas se esconde algo más revelador: la ropa como un sistema de significados.
Incluso la banda sonora refuerza esta idea. La letra "I came to be seen" de la canción Runway de Lady Gaga y Doechii, que suena durante los créditos de la película, subraya cómo la visibilidad funciona como una forma de capital social.
El antropólogo Grant McCracken argumentó que los bienes de consumo portan un significado cultural que se transmite a través de la sociedad por etapas. Primero, estos significados se insertan en un acervo cultural más amplio, moldeado por ideas como el éxito, el gusto y la aspiración. Segundo, son recogidos y reformulados por intermediarios como editores, personas influyentes y creadores de tendencias. Tercero, llegan a manos de los consumidores, quienes los utilizan para construir su identidad.
El diablo viste de Prada 2 es un estudio brillante del cambio, donde la identidad se renegocia constantemente mientras los personajes lidian con los significados asociados al poder, los roles y la amistad. En este mundo, figuras como Miranda Priestly (Meryl Streep) siguen decidiendo qué se considera "a la moda" incluso antes de que el resto de nosotros hayamos elegido nuestros calcetines.
Según McCracken, el significado cultural se traslada del mundo cultural a los bienes de consumo, donde finalmente se establece la identidad individual. El comentario de Nigel, interpretado por Stanley Tucci, sobre Andy: «Mira lo que trajo TJ Maxx». Esto va más allá de un simple insulto. La posiciona como fuera de lugar, desfasada, cercana al lujo, lo que la marca como ajena a un lenguaje que ya no domina.
En cambio, en los archivos de Christian Dior, el sistema de significados se explicita a través de Emily (Emily Blunt): «Tu bolso, tu bufanda, tu paraguas, le dicen al mundo quién eres». Esto sugiere que, en este mundo, incluso el más mínimo detalle indica posición social, funcionando como un microindicador de gusto, conocimiento y pertenencia a una clase social.
Señales fuertes y códigos silenciosos
La secuela contrasta diferentes estrategias de autopresentación. Emily concibe la moda como un espectáculo. Sus atuendos no entran en una habitación, sino que se anuncian por sí solos. Su vestido negro de cuero con arnés en un funeral no es un error, sino un audaz recordatorio de que, incluso en el luto, el estilo puede expresarse con convicción.
En contraste, Nigel encarna lo que se conoce como «lujo discreto» . Su vestuario es preciso, sobrio y casi imperceptible a menos que sepas exactamente qué buscar. El significado no se manifiesta abiertamente, sino sutilmente. Esto refleja un cambio más amplio en la cultura de consumo.
Desde siempre, las posesiones han servido para comunicar la identidad, pero los códigos evolucionan. En un mundo saturado de visibilidad, la sutileza se ha convertido en una forma de distinción. Saber no alardear es, en sí mismo, una forma de hacerlo. La película capta esta tensión con un guiño cómplice. Un personaje se viste para ser visto, mientras que otro se viste para ser comprendido. Ambos juegan al mismo juego.
En esencia, la película trata menos sobre moda que sobre significado. La ropa se convierte en una forma de señalar trayectorias: quién asciende, quién se estanca, quién consolida su poder discretamente. Esto se observa en la transformación gradual de Andy, de un forastero inadaptado a alguien cada vez más familiarizado con el lenguaje visual de la industria.
Los estudios de mercado sugieren que no compramos cosas solo por lo que son, sino por lo que significan. La ropa tiende un puente entre quienes somos y quienes aspiramos a ser. Vestirse, en este sentido, es un acto cotidiano de narración, a veces optimista, a veces aspiracional, a veces ilusoria. El diablo viste de Prada 2 lo explica a través del humor y la autoconciencia. El público se ríe del exceso, pero no del todo desde la distancia.
De la cultura al armario y viceversa
Para cuando estos significados llegan a la vida cotidiana, el paso final del modelo de McCracken , ya no están controlados por Miranda ni por la élite de la moda. Son adoptados, adaptados y, a veces, rechazados por los consumidores individuales. Es aquí donde el significado se vuelve personal.
Aunque El diablo viste de Prada 2 sea una comedia, plantea una reflexión más profunda. Vestirse nunca se trata solo de ropa. Se trata de desenvolverse en un mundo de símbolos y decidir cómo, o si, participar en él. La verdadera pregunta no es si la moda importa, sino si comprendemos los significados que encierra lo que vestimos y cómo, sutilmente, moldea nuestra percepción de quiénes somos y en quiénes podríamos convertirnos.
En una escena más tierna, la chica que le gusta a Andy admira su vestido azul de lentejuelas y dice: «Es muy llamativo. Pero me gusta mucho». Este momento apunta a una reflexión más profunda: cuando la moda se alinea con la propia identidad, pasa de ser un exceso a una expresión, convirtiéndose en una forma discreta de ser vistos no por lo que mostramos, sino por quienes somos.
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