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Orgullo de Berlín: el ISIS sigue inspirando el terrorismo en Europa, pero ¿quiénes cometen estos atentados?


  • Escrito por Ibrahim Al-Marashi
  • Publicado en Global
(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)
Vista de la Puerta de Brandeburgo tras el atentado terrorista perpetrado durante el Orgullo de Berlín el 25 de julio de 2026. Orator/Wikimedia Commons, CC BY-SA Vista de la Puerta de Brandeburgo tras el atentado terrorista perpetrado durante el Orgullo de Berlín el 25 de julio de 2026. Orator/Wikimedia Commons, CC BY-SA

El domingo 26 de julio, la policía alemana abatió al presunto autor de un atropello durante la marcha del Orgullo de Berlín, que había dejado un fallecido y 20 heridos el día anterior. El sospechoso ya tenía antecedentes policiales por su anterior intento de unirse al Estado Islámico en Siria e Irak (ISIS).

En la década de 2010, el ISIS reivindicó múltiples atentados contra eventos culturales, en su mayoría conciertos. Algunos de sus atentados más mortíferos en suelo europeo fueron el atentado de 2015 en la sala Bataclan de París y el atentado con bomba de 2017 durante un concierto de Ariana Grande en el Manchester Arena. Más recientemente, en el verano de 2024, se produjo un complot fallido inspirado por el ISIS para atacar un concierto de Taylor Swift en Viena.

También se han producido anteriormente atentados homófobos inspirados por el ISIS: el grupo también reivindicó la autoría del atentado de 2016 contra el Pulse, una discoteca gay de Orlando, Florida.

Desde el 2018, el ISIS ya no existe como Estado físico. Al carecer de una entidad política que inspire nuevos atentados en Europa, su violencia se ha reducido drásticamente durante la última década.

Sin embargo, la ideología tóxica del ISISismo –que busca resucitar un califato premoderno mediante medios modernos y occidentales, incluidas las redes sociales– ha seguido representando la forma definitiva de rebelión contrahegemónica para un determinado segmento de jóvenes musulmanes. Incluso despojado de su territorio físico, el Estado Islámico sigue desafiando y violando profundamente la soberanía y la seguridad de EE. UU. y Europa.

Muchas personas creían que el atentado frustrado de Viena en 2024 marcaba el fin de la ya menguante tendencia de los musulmanes nacidos en Europa a perpetrar atentados inspirados en el ISIS. Aunque desde entonces ha habido relativamente poca violencia islamista, el atentado de Berlín indica que la radicalización y la violencia ciertamente no son cosa del pasado.

Los “nuevos yihadistas”

A principios de agosto de 2024, tres jóvenes austriacos presuntamente intentaron atacar a los swifties, los seguidores de la cantante estadounidense Taylor Swift, antes de su concierto en Viena a principios de agosto. Los conspiradores habían declarado específicamente su lealtad al ISIS.

Entre los autores del complot para atentar en el concierto de Swift se encontraban un austriaco originario de Macedonia del Norte y otro de origen turco, ambos musulmanes de segunda generación. El autor del atentado contra el desfile del Orgullo en Berlín tenía unos antecedentes similares: había nacido en Alemania de padres musulmanes libaneses.

Esta tendencia respalda un argumento expuesto por Olivier Roy en un artículo de The Guardian de 2017 titulado “¿Quiénes son los nuevos yihadistas?” Sostiene que hay dos grupos demográficos que suelen unirse al ISIS para llevar a cabo atentados en Occidente: los musulmanes europeos de segunda generación (que a menudo reclutan a sus hermanos y hermanas) y los europeos conversos.

Según Roy, los hijos de inmigrantes musulmanes nacidos en países europeos suelen llevar una vida laica. Crecen en hogares poco religiosos y pueden ir a discotecas y consumir alcohol y drogas. Los que proceden de entornos socioeconómicos más desfavorecidos pueden acabar involucrándose en delitos menores.

En algún momento –a menudo tras pasar por la cárcel– se convierten en musulmanes “renacidos”, abrazando no solo la fe, sino una versión más austera y radical que la de sus padres. Suelen reunirse en grupos religiosos más reducidos, en lugar de en las grandes mezquitas a las que acuden sus familias.

Hay que destacar que se trata de un pequeño segmento de los musulmanes europeos de segunda generación. Lo que refleja esta tendencia es que los hijos de familias inmigrantes pueden embarcarse en una “rebelión generacional” contra sus padres, con el objetivo de demostrar que son más devotos que ellos.

El ISIS tenía poco atractivo para los inmigrantes de primera generación, que por lo general lo sacrificaban todo para que sus hijos tuvieran una vida mejor en Europa. También hay muy pocos reclutas europeos de tercera generación, ya que, a estas alturas, o bien están bien integrados en su sociedad o bien han encontrado formas de conciliar ambas dimensiones de su identidad.

Un punto álgido político

Los debates políticos en torno al atentado ya han comenzado, y el ministro alemán Alexander Dobrindt calificó el atentado de “terrorismo islámico” después de que saliera a la luz el pasado del atacante.

Su uso del término islámico en lugar de islamista puede resultar polémico. Islamista se refiere específicamente al islam político –que incluye las creencias de grupos extremistas como el ISIS–, mientras que islámico se refiere a la fe musulmana en su conjunto. Ya sea deliberado o no, el lenguaje utilizado por Dobrindt podría interpretarse como una sugerencia de que existe un vínculo entre el islam y la violencia terrorista.

Los partidos de derecha y las figuras públicas de toda Europa utilizarán sin duda el atentado contra el desfile del Orgullo en Berlín como otra razón para restringir la inmigración, incluso mientras ellos mismos trabajan para desmantelar y socavar activamente los derechos LGBTQIA+.

Pero los Estados Unidos y los miembros de la UE pueden hacer frente a los atentados terroristas extremistas. En lugar de dejarse arrastrar por acusaciones islamófobas, pueden tomar medidas para abordar las condiciones socioeconómicas que llevan a las personas hacia el terrorismo. La desesperación, la falta de esperanza y la ira son las razones por las que el atractivo del islamismo radical persiste aún una década después de la declaración del Estado Islámico.

Las comunidades marginadas y desesperadas constituyen un terreno fértil para que se propague la doctrina del ISIS y otras formas de extremismo violento en todo el espectro político.The Conversation

Ibrahim Al-Marashi, Adjunct Professor, IE University; California State University San Marcos

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.

 


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