Cada vez realizamos más actividades solos: ¿está cambiando nuestra relación con el territorio?
- Escrito por Fernando Medina Morales y Pablo Máyer Suárez
- Publicado en Actualidad
Ir solo a un concierto, sentarse a cenar sin compañía o viajar en solitario eran, hasta hace relativamente poco, prácticas excepcionales o incluso incómodas socialmente. Sin embargo, cada vez más personas realizan actividades de ocio en solitario de forma habitual, voluntaria y normalizada. Especialmente entre las generaciones más jóvenes y en entornos urbanos.
Este cambio no solo refleja nuevas dinámicas sociales, sino también una transformación más profunda en nuestra relación con el territorio, con el espacio público y con la percepción de la seguridad en nuestros entornos cotidianos.
Nuevas formas de vivir el ocio
Cada vez más personas deciden realizar actividades de ocio solas de manera voluntaria, no por aislamiento sino por comodidad, flexibilidad o simplemente por una forma distinta de relacionarse con el tiempo y el espacio.
Algunos estudios recientes sobre consumo cultural y asistencia a eventos muestran cómo esta tendencia ha crecido de forma significativa en los últimos años, especialmente en actividades vinculadas a conciertos y festivales. Un reciente informe de Ticketmaster Business UK, por ejemplo, señala que acudir solo a festivales y conciertos se ha convertido en una práctica cada vez más habitual y socialmente aceptada.
La expansión del teletrabajo, la movilidad constante, la hiperconectividad digital y la transformación de las dinámicas sociales están modificando también la manera en la que usamos y percibimos el territorio. Tanto los espacios urbanos como los turísticos han empezado a adaptarse a nuevas formas de habitar y experimentar el ocio.
El territorio también cambia cuando cambiamos nuestra forma de movernos
Las ciudades contemporáneas han evolucionado hacia modelos donde las actividades individuales son cada vez más fáciles de desarrollar. Espacios de coworking, gimnasios abiertos 24 horas o sistemas de movilidad flexible permiten que muchas personas organicen su vida cotidiana de forma más autónoma.
Las ciudades se configuran, cada vez más, como redes de microespacios donde las personas entran y salen continuamente, muchas veces en solitario. La propia planificación urbana empieza a adaptarse a esta realidad mediante espacios multifuncionales, zonas peatonales o entornos pensados para una movilidad más individualizada.
En muchos casos, estos espacios están diseñados para facilitar estancias breves, conexiones rápidas y experiencias flexibles. El auge del teletrabajo y de los llamados “terceros espacios” –cafeterías, bibliotecas o espacios híbridos entre ocio y trabajo– han reforzado todavía más esta transformación territorial.
El ocio en solitario también plantea nuevos desafíos territoriales
Senderismo, rutas de montaña, actividades en el mar o recorridos en espacios naturales forman parte de una nueva cultura del ocio cada vez más individualizada. La pega es que cuando una persona realiza estas actividades sola, cualquier incidente puede convertirse rápidamente en una situación de emergencia. Una caída, un golpe de calor o un problema de cobertura en zonas aisladas adquieren una dimensión completamente diferente cuando no existe acompañamiento inmediato. En muchos casos, la ausencia de otra persona retrasa la alerta, dificulta la localización y obliga a movilizar importantes recursos de emergencia.
Los datos de rescates en montaña y espacios naturales muestran, además, una tendencia creciente asociada al aumento de actividades al aire libre. Solo durante el primer semestre de 2025 se registraron 66 incidentes de rescate en montaña en las Islas Canarias, muchos relacionados con senderismo, extravíos y accidentes en zonas de difícil acceso. Tenerife y Gran Canaria concentraron cerca del 64 % de las intervenciones debido tanto a la afluencia de usuarios como a la complejidad del relieve insular.
La situación preocupa especialmente en islas de origen volcánico, donde las características geográficas, los barrancos, los cambios bruscos de meteorología o las dificultades de acceso pueden convertir una incidencia aparentemente menor en un operativo complejo para los servicios de emergencia.
En este contexto, la percepción del riesgo adquiere una importancia fundamental. La hiperconectividad digital puede generar una sensación de falsa seguridad que lleva a subestimar determinadas condiciones del entorno. Tener cobertura móvil, utilizar aplicaciones de rutas o compartir la ubicación en tiempo real no elimina necesariamente la exposición al riesgo en espacios complejos. Investigaciones recientes desarrolladas por el grupo GEOTIGMA de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria evidencian que disponer de información o conocer la existencia de sistemas de alerta no garantiza automáticamente una respuesta adecuada ante situaciones de peligro.
De hecho, muchas de las emergencias actuales no responden únicamente a fenómenos extremos, sino también a nuevas formas de relación con el territorio.
Rutas y experiencias desde el teléfono móvil
En destinos turísticos cada vez más digitalizados, el visitante ya no necesita integrarse necesariamente en dinámicas grupales tradicionales. Puede organizar rutas, reservas y experiencias desde el teléfono móvil, construyendo una relación mucho más autónoma con el territorio.
Sin embargo, esta autonomía también obliga a replantear cuestiones relacionadas con la autoprotección, la educación en el riesgo y la adaptación de los sistemas de emergencia a nuevas dinámicas sociales.
La paradoja es evidente: vivimos en una sociedad hiperconectada digitalmente, pero donde muchas actividades cotidianas se realizan cada vez más en solitario.
Aunque este cambio no implica necesariamente aislamiento social, en muchos casos representa una transformación de las formas tradicionales de convivencia y de relación con el espacio. Pero también plantea nuevos desafíos territoriales y operativos.
Mientras la sociedad avanza hacia formas de ocio y movilidad más individualizadas, la gestión del riesgo continúa dependiendo en gran medida de dinámicas colectivas de cuidado, acompañamiento y respuesta institucional. Comprender estas dinámicas será fundamental para las ciudades, los territorios turísticos y los sistemas de emergencia en un mundo cada vez más móvil, flexible e individualizado.![]()
Fernando Medina Morales, Profesor de Geografía, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y Pablo Máyer Suárez, Profesor Titular de Universidad, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.
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