¿Qué supondría para Europa la llegada al poder de la ultraderecha en Alemania?
- Escrito por Andrea Betti
- Publicado en Global
La victoria de Alternativa para Alemania (AfD) en las elecciones de Sajonia-Anhalt del pasado domingo supone un nuevo salto cualitativo para la derecha radical-populista alemana. Según los resultados, con el 43,8 % de los votos, AfD ha quedado muy por delante de la centroderecha de la CDU (la Unión Demócrata Cristiana), que obtuvo el 17,2 %, mientras que la centroizquierda del SPD (el Partido Socialdemócrata) se situó en el 9,3 %. AfD no dispone, sin embargo, de mayoría absoluta: cuenta con 39 de los 83 escaños del Parlamento regional.
El cordón sanitario puede romperse
El cordón sanitario (Brandmauer) mantenido por los principales partidos alemanes dificulta su acceso al gobierno, pero esta vez existe una novedad importante. El BSW de Sahra Wagenknecht, formación populista de izquierda soberanista, ha obtenido cinco escaños y cuestiona abiertamente el aislamiento de AfD.
Aunque el BSW no plantea por ahora una coalición formal, su disposición a romper el cordón sanitario podría abrir a AfD las puertas del gobierno regional: sus cinco diputados, sumados a los 39 de AfD, proporcionarían una mayoría absoluta de 44 escaños. El resultado adquiere además especial relevancia porque el 20 de septiembre se celebrarán elecciones en Berlín y Mecklemburgo-Pomerania Occidental.
Conviene, al mismo tiempo, no exagerar la trascendencia inmediata del resultado. Sajonia-Anhalt tiene poco más de dos millones de habitantes y un peso económico relativamente reducido dentro de Alemania. No es Baviera ni Renania del Norte-Westfalia, dos Länder (estados federales) cuya dimensión demográfica y económica les confiere una influencia muy superior.
Unas elecciones regionales en Sajonia-Anhalt no van a cambiar por sí solas la política exterior de Berlín. Sin embargo, sí plantean una pregunta que trasciende ampliamente las fronteras del Land: ¿qué significaría para Europa una Alemania en la que AfD llegase algún día al Gobierno federal?
Posible giro franco-alemán hacia la derecha extrema **(PONDRÍA radical-populista, en lugar de extrema) *
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Las consecuencias serían potencialmente profundas. Alemania es la mayor economía de la Unión Europea y uno de los Estados imprescindibles para cualquier avance significativo de la integración. AfD defiende una concepción mucho más soberanista de Europa, se opone al actual apoyo militar a Ucrania y mantiene posiciones considerablemente más favorables a Rusia que los principales partidos alemanes.
Una Alemania gobernada por AfD no necesitaría siquiera abandonar la Unión Europea para transformarla. Desde dentro, podría utilizar su enorme peso político y económico para debilitar progresivamente consensos, normas y políticas comunes construidas durante décadas.
La combinación con una eventual victoria de la derecha radical-populista en Francia multiplicaría este efecto. Y no se trata de un horizonte lejano: la primera vuelta de las próximas elecciones presidenciales francesas tendrá lugar el 18 de abril de 2027 y, de ser necesaria, la segunda el 2 de mayo.
Si las dos principales potencias de la UE estuvieran simultáneamente gobernadas por fuerzas nacionalistas y soberanistas, el problema dejaría de ser la presencia de partidos euroescépticos en algunos Estados miembros y afectaría al propio núcleo francoalemán alrededor del cual se ha construido buena parte del proceso de integración europea.
Alemania se está rearmando
Existe además una dimensión que merece especial atención: Alemania se está rearmando. Tras décadas de contención militar, Berlín está acometiendo una transformación extraordinaria de sus capacidades de defensa.
Su presupuesto ordinario de Defensa asciende en 2026 a unos 82 700 millones de euros, a los que se añaden 25 500 millones procedentes del fondo especial para la Bundeswehr. El objetivo gubernamental es alcanzar aproximadamente el 3,5 % del PIB en gasto militar en 2029. Para facilitar este esfuerzo, Alemania reformó en 2025 su Constitución, permitiendo financiar, al margen de las restricciones ordinarias del “freno de la deuda”, el gasto en defensa y otras partidas de seguridad que excedan el 1 % del PIB.
La Alemania que está construyendo estas capacidades sigue siendo europeísta y firmemente comprometida con la OTAN. Su rearme se concibe fundamentalmente como una respuesta a la amenaza rusa y como una contribución a la seguridad colectiva europea. Por ello, incluso países como Polonia, históricamente sensibles ante el poder militar alemán, respaldan hoy un fortalecimiento de las capacidades europeas de defensa frente a Rusia y una cooperación más estrecha con Berlín.
Pero las capacidades militares sobreviven a los gobiernos que deciden crearlas. Los tanques, sistemas de defensa aérea, infraestructuras y recursos presupuestarios que Alemania está adquiriendo hoy seguirán existiendo bajo futuros gobiernos. ¿Cómo percibirían Polonia y otros vecinos una Alemania mucho más poderosa militarmente si estuviera gobernada algún día por una fuerza nacionalista, soberanista, crítica con la integración europea y favorable a una relación diferente con Rusia? La cuestión puede parecer hoy remota, pero el resultado de Sajonia-Anhalt obliga al menos a plantearla.
El efecto AfD en los partidos tradicionales
En cualquier caso, AfD no necesita conquistar la Cancillería para influir sobre la política internacional alemana. El crecimiento sostenido de una fuerza que cuestiona el apoyo a Ucrania, la inmigración, determinadas políticas europeas y algunos compromisos internacionales puede modificar los incentivos electorales de los partidos tradicionales. Su influencia empieza cuando los demás partidos consideran necesario adaptar sus propias posiciones para evitar perder más votantes. El poder político no consiste únicamente en gobernar: también consiste en alterar los límites de lo que los demás consideran electoralmente posible.
Esto no significa que los partidos democráticos alemanes deban abandonar el cordón sanitario. Que AfD pueda utilizar su aislamiento para presentarse como víctima del sistema no constituye por sí solo una razón suficiente para normalizarla políticamente. Pero el Brandmauer no puede convertirse en un sustituto de la política.
Los partidos centristas y europeístas de Alemania –y del resto de Europa– necesitan abandonar polarizaciones improductivas que pueden proporcionar ventajas electorales a corto plazo, pero que dificultan la construcción de respuestas duraderas. Frente al populismo, excluir del poder no basta: hacen falta ideas, reformas y resultados. Eso exige recuperar la lógica de los pactos de Estado entre fuerzas políticas diferentes pero comprometidas con unos consensos básicos, para ofrecer respuestas creíbles a cuestiones como el crecimiento económico, la inmigración o la seguridad.
De esos resultados depende también la política exterior. Una Alemania capaz de liderar Europa, mantenerse firme frente a Rusia y seguir siendo un socio fiable dentro de la OTAN necesita capital político doméstico para poder hacerlo. Reconstruirlo mediante acuerdos y resultados concretos es, por tanto, una de las principales tareas geopolíticas de los partidos europeístas alemanes. Y debería ser también la consecuencia más importante de lo ocurrido en Sajonia-Anhalt.![]()
Andrea Betti, Profesor Teoría de las Relaciones Internacionales, Universidad Pontificia Comillas, ICAI-ICADE, Universidad Pontificia Comillas
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.
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