Todos tus días contados, hasta tu último pelo
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«Eso es, el John Coplans de Malasaña. —Sonrió con ironía—. Pero déjame que te diga una cosa, toda esa gente que he fotografiado morirá muy pronto. No llegarán a viejos. Nadie contará sus vidas, sus sueños, sus anhelos… Ni siquiera contarán sus muertes… Pero, al menos, yo los fotografié»
Días contados, Juan Madrid, 1993
Esta novela, con una adaptación cinematográfica loable, es el otro lado del espejo oscuro de los años ochenta madrileños, de la llamada movida que se concentró en las calles de Malasaña, un universo poblado por tribus urbanas claramente establecidas, una fauna de colores que yo también conocí.
Días contados nace como novela dentro de otras muchas novelas, con el argumento de un encargo con licencia para escribir aquellos momentos permisivos, de barra libre, que pagaron muchos con su muerte prematura, un retrato de grupo que radiografía toda una generación de jóvenes en equilibrio entre las agujas de sus chupas y de sus brazos, de noches de esperpento y decepción regadas por el alcohol, la música de los garitos y la velocidad de un infame spiz mal traducido, de aceras ocupadas por personajes oscuros, más que las sombras, agazapados como vampiros para chupar la sangre de chicos, casi adolescentes, impulsados por la penuria y la necesidad a compartir brevemente con ellos portales abiertos como enormes fauces melladas, y de letrinas empapeladas de versos urbanos a golpe de ingenio y subidón.
Vamos a un mundo descarnado, el de la resaca después de una juerga, y el autor no nos ahorra nada, ni siquiera cuando deja que su protagonista se enamore, dando una vuelta de tuerca a la narrativa para que todo termine enfangándose aún más. De ahí su crítica social, acerba, real, inteligente, reconocible y honesta, de amargo regusto y final de traca, literal, en una España liberada casi de golpe, incapaz de calibrar los estragos que provoca, abrazada a un capitalismo consumista tintado de intelectualismo vano y reprochable, de política de estrechas miras, de dolor y de coraje. Y, sobre todo, habla acerca de la pérdida de identidad. De la pérdida de fe en los grandes ideales por los que el protagonista había ofrecido su vida… ahora en el altar y las manos de una yonqui prostituta, sea digna o no de su sacrificio.
Todo el paisaje urbano pintado en una tupida ristra de personajes tan sólidos y, a la vez tan vulnerables. como la densa oscuridad de uralita que los cobija, mientras la ciudad los contempla sin poder hacer nada más que hueco en los cementerios.
Todos en esta novela tienen los días contados, tanto que no les importa su propio mañana, simplemente porque en la noche perpetua en que viven, el futuro dejó de existir.
Va por todos los amigos que perdimos por no saber cómo parar ni lo que hacían. Porque al amparo de la alargada sombra de la celebrada movida, la muerte acechaba sus vidas y ninguno supo verla a la vuelta de su esquina.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.