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Ábalos, Koldo y....Borges


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A tres meses de cumplirse los seis años del acceso de Pedro Sánchez a la presidencia del Gobierno mediante la audacia propulsada por la moción de censura, primer ensayo de éxito en la historia democrática reciente, ha hecho explosión el primer caso indiciario de corrupción que afecta al gobierno de composición de izquierda política.

A tenor de la residencia donde habita el caso, las mascarillas para hacer frente a los primeros embates de la pandemia, asunto de familiaridad en tentativas ligadas a cargos sonoros, presidenta de comunidad de Madrid y alcalde de la capital, con parientes anudados al escándalo, se andan caminos ya explorados en la criminalidad publicitada.

En principio pareciera que los argumentos para exculpar al primero de ellos, aventado por nada más y nada menos que Pablo Casado, a la sazón presidente del Partido Popular, es decir la urgencia y la perentoriedad de situación excepcional vivida, podría servir para retener la cuota de presunción de inocencia para el nuevo caso Koldo-Ábalos.

Obviamente, el ruido político no entiende de instrucciones y garantías y el escándalo está servido con voluntad de pervivencia en la realidad política durante mucho tiempo. La sombra del ex ministro Ábalos perseguirá con vida propia a los gobiernos de Sánchez y el impulso de la oposición no cesará por natural recomendación hasta consumada y más allá la reciente legislatura.

El gobierno y su principal titular habrá de arrastrar una incomodísima carga con mucho peso en la idiosincrasia del portalón español siempre proclive a ensanchar las atmósferas de la “robosfera” con su traslado a las vecindades electorales. País Vasco parece tener ya terminado su diseño de los próximos comicios y el escándalo reciente podría haber llegado tarde.

La combustión lenta podría notarse más y mejor en la cita electoral al Parlamento europeo, si bien para la pituitaria española de participación lo de Europa sigue sonando muy lejano. La paradoja también opera en este momento y lo hace en el sentido de ahogar al menos en dosis perceptibles el desarrollo legislativo de la amnistía, que podría salvar el estruendo que tenía preparada la artillería de la oposición para tal fin.

Si el desplazado Ábalos dice que será disciplinado con la votación de la aministía dice no solo verdad, sino que alimenta un paso del proyecto de ley con el silenciador imprevisto de la trompetería a él debida. El mejor aliado de Puigdemont y Sánchez en este incalculablemente arriesgado momento de la amnistía es sorprendentemente Ábalos con su peón de brega Koldo García Izaguirre.

El Partido Popular, personado en la causa, tendrá a mano todos y cada uno de los instrumentos y novedades que vaya vomitando la producción de la instrucción del juez Ismael Moreno para que todos los días sean miércoles de comparecencia y control al gobierno. La comunidad balear, ahora en manos PP y antes con etiqueta socialista, con Armengol transmutada en presidenta del Congreso, meterá todas las canicas que pueda entre las pezuñas de la caballería montada.

Feijóo, no menos transformado, tiene mejor aire, ya digerido el cólico de la comprensión de los indultos, y agradece con la mejor cara de sanación el episodio Koldo, que además le va a procurar retortijones a la obstinada Díaz Ayuso, para quien las mascarillas siempre son un pésimo recuerdo desde la “fraternal” visión de las cosas.

Estas semanas próximas tendrán un “tanto monta, monta tanto” entre Ábalos y Koldo, este último retratado sin voluntad por Jorge Luis Borges, cuando en 1935, dio a la imprenta su “Historia universal de la infamia” y describió a uno de sus personajes quizá ficticios, quizá reales, como Monk Eastman, habitual del orden de aquellos años en América, "era un hombre ruinoso y monumental.

El pescuezo era corto, como de toro, el pecho inexpugnable, los brazos peleadores y largos, la nariz rota, la cara aunque historiada de cicatrices menos importante que el cuerpo, las piernas chuecas como de jinete o de marinero”.

 

Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.