HEMEROTECA       EDICIÓN:   ESP   |   AME   |   CAT
Apóyanos ⮕

¿Está la OTAN preparada para una guerra con Rusia?


  • Escrito por Kenton White
  • Publicado en Opinión
(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)
El presidente francés, Emmanuel Macron: “No se puede descartar” el envío de tropas terrestres a Ucrania. EPA-EFE/Gonzalo Fuentes/pool El presidente francés, Emmanuel Macron: “No se puede descartar” el envío de tropas terrestres a Ucrania. EPA-EFE/Gonzalo Fuentes/pool

El presidente francés, Emmanuel Macron, considera que “no se puede descartar” el envío de tropas occidentales para luchar en Ucrania. Tras acoger una reunión de 25 líderes europeos en París a finales del pasado febrero, Macron dijo que “no había consenso” sobre comprometer tropas terrestres en el conflicto. A lo que añadió:

“No hay que excluir nada: haremos lo que sea necesario para garantizar que Rusia no pueda ganar esta guerra.”

Hasta ahora, la OTAN se ha limitado a entrenar a las fuerzas militares ucranianas y a suministrarles armamento defensivo. Los Estados miembros temen que enfrentarse directamente a las fuerzas rusas en Ucrania suponga el riesgo de una escalada masiva. Y Vladimir Putin y sus principales ministros han lanzado regularmente amenazas de que Rusia podría recurrir al uso de su arsenal nuclear en caso de un conflicto mayor.

El plan Steadfast Defender para simular un conflicto

Actualmente, la OTAN está llevando a cabo su mayor ejercicio militar desde la guerra fría. El plan Steadfast Defender se desarrolla de enero a mayo y en él participan los 31 Estados miembros. Destinado a mejorar la capacidad de defensa colectiva y la preparación de la alianza, es el mayor ejercicio desde Reforger, en 1988, en el que participaron 125 000 soldados de Estados Unidos, Alemania, Canadá, Francia y Dinamarca.

Uno de los aspectos más importantes de las maniobras es la participación de fuerzas estadounidenses y canadienses, cuyo objetivo es demostrar la velocidad y el tamaño de las capacidades de refuerzo de la OTAN. Sirve tanto para tranquilizar a los países europeos miembros de la OTAN como para demostrar a sus enemigos potenciales la capacidad de la Alianza para desplegar grandes fuerzas sobre el terreno. Los ejercicios forman parte de la comunicación disuasoria.

El ejercicio pretende simular un “escenario de conflicto emergente con un adversario cercano”. Se trata de una referencia apenas disimulada a Rusia, que demuestra que la OTAN empieza a tomarse en serio la amenaza de un conflicto directo con ese país.

Durante la Guerra Fría, la OTAN llevó a cabo regularmente ejercicios a gran escala. Por ejemplo, el Ejercicio Lionheart, dirigido por el Reino Unido en 1984, contó con la participación de casi 58 000 soldados y aviadores británicos de una fuerza total de 131 565, incluidas tropas de Estados Unidos, Países Bajos y la entonces Alemania Occidental.

Desde la disolución del bloque soviético, la OTAN ha buscado una nueva identidad. Su enfoque cambió en la década de 1990, pasando de proteger el territorio común a proteger los intereses comunes de los miembros, como hizo al intervenir en las guerras de Bosnia en 1995 y Kosovo en 1999, cuando aprobó oficialmente este nuevo concepto estratégico.

Necesidad de unidad

La demostración de unidad y capacidad militar de la OTAN es importante, tras dos años de desunión sobre cómo responder a la guerra en Ucrania y en medio de disputas sobre el suministro de armas por parte de los aliados occidentales de Ucrania. Ha cobrado mayor relevancia tras las recientes declaraciones del expresidente Donald Trump de que los miembros de la OTAN que no cumplieran las directrices de gasto dejarían de estar protegidos por Estados Unidos.

Se supone que los miembros deben gastar al menos el 2 % de su PIB anual en defensa, pero es más complicado que eso. El gasto en defensa de algunos países se asigna íntegramente a la OTAN. Otros, en cambio, pueden fijar su gasto en defensa en menos del 2 %, pero su gasto per cápita es mayor que el de los que cumplen la directriz de la OTAN.

Por ejemplo, Luxemburgo no llega al 2 %, con un gasto de sólo el 0,72 %. Pero en términos per cápita gasta más que Polonia o Francia.

Puede que Estados Unidos gaste el 3,5 % de su PIB en defensa, pero no todo lo destina a la OTAN. Gran parte de la fuerza estadounidense se despliega en el Pacífico y en sus propios territorios. Por eso resulta engañoso juzgar el valor de la pertenencia a la OTAN en estos términos.

La cláusula clave del tratado de la OTAN es el artículo 5, que regula la seguridad colectiva y obliga a los miembros a responder si otro miembro es atacado por una tercera parte hostil. Estados Unidos es el único Estado miembro de la OTAN que ha invocado el artículo 5 tras los atentados del 11 de septiembre. Recibió ayuda de otros miembros de la OTAN en Afganistán y, en general, en la “guerra contra el terror”.

¿Está la OTAN preparada para la batalla?

Uno de los problemas más importantes al que se enfrenta la OTAN no es el despliegue de las tropas de que dispone, sino su suministro. Como han demostrado los esfuerzos para suministrar equipos y municiones a Ucrania, la OTAN no tiene ni los arsenales ni la capacidad de fabricación para abastecer una guerra moderna de larga duración. Esto se debe a que la OTAN ha planeado lo que se conoce como una guerra “venga como venga”. Y eso significa que solo tiene capacidad para luchar mientras duren el equipo y los suministros. Por eso la estrategia de la OTAN ha sido siempre, en caso de conflicto, concluirlo lo antes posible.

Varios países europeos ya se han distanciado de las declaraciones de Macron, entre ellos Polonia, la República Checa y Suecia, cuyo ingreso en la OTAN ha sido finalmente aprobado por Hungría y que se convertirá en el miembro número 32 de la alianza.

Pero Rusia ha aprovechado las declaraciones de Macron, y el Kremlin ha declarado que incluso discutir la idea de enviar tropas occidentales a luchar en Ucrania representa un “elemento nuevo muy importante; en ese caso, tendríamos que hablar no de la probabilidad, sino de la inevitabilidad (de un conflicto directo)”.The Conversation

Kenton White, Lecturer in Strategic Studies and International Relations, University of Reading

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.