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Con septiembre vuelve también el debate político


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

Septiembre es la vuelta al colegio, al trabajo con la depresión postvacacional, y a la realidad como si el mundo se parara en agosto y no ocurriera nada. Pero no es así. El mundo nunca se para.

Por una parte, septiembre nos trae noticias en España novedosas y esperanzadoras. El nombramiento de Isabel Perelló al frente del CGPJ. ¡Por fin se ha desbloqueado la máxima autoridad judicial! Y con la magnífica noticia de que una mujer, ¡ya era hora!, esté al frente de una institución en la que cada vez hay más mujeres juezas.

Otra noticia con la que iniciamos curso es el gobierno de Salvador Illa en Catalunya, con una vuelta a la normalidad, la tranquilidad, la prudencia, la capacidad de diálogo y la integración. No será fácil y no todo depende de él, sino que los independentistas deberán rebajar sus pretensiones (no sus convicciones), para ubicarse en el lugar que electoralmente están. Puigdemont ha cerrado ya de una vez su etapa histórica como personaje extravagante; su última puesta en escena como un escapista solo sirvió para dejarlo fuera del nuevo panorama político catalán.

Llega septiembre con una renovación de gobierno, incluido el debate sobre Escrivá y su nuevo puesto en el Banco de España. La remodelación indica que el gobierno sigue su andadura, cada vez más complicada, porque abordar el problema de la financiación autonómica no es baladí. Seguramente es el problema más serio y grave que tienen las autonomías para mantener la igualdad de equilibrios entre territorios y ciudadanía, garantizando las oportunidades para todos. Por eso, es un asunto que está encallado desde hace años, que el PP en su gobierno no supo solucionar ni se atrevió siquiera a abordar, y por eso se necesitaría un Pacto de Estado, algo imposible de garantizar en estos momentos cuando el PP está en modo electoralista puro y duro.

Las lecturas sobre Escrivá y su nombramiento están sobre la mesa y hay para todos los gustos. Como siempre, lo más hipócrita es la moralidad exhibida por el PP que se olvida siempre de su historia (desde Guindos hasta Rato), lo que no justifica “ni el tú lo mismo o el tú más”.

No obstante, lo que más me preocupa no es lo que nos pasa en España, que la mayoría de las veces nos miramos en exceso el ombligo empequeñeciendo los debates. La mayor preocupación se encuentra en la situación internacional.

Ucrania sigue en un conflicto que no se le ve final. Con un goteo constante de muertos y destrucción, se deshilachan los apoyos a Zelensky con una cascada de dimisiones de su gobierno, mientras que Putin desafía al mundo occidental y encuentra apoyo en otros socios. Seguimos impotentes viendo como se destroza un país completo.

El conflicto Israel-Palestina sube el nivel de agresividad si es que es posible hacerlo. Aún hay más de 100 rehenes en manos de Hamás, y se desconoce cuántos están vivos, pero todos tenemos que el resultado final pueda ser muy cruel. Sin embargo, Netanhayu, pese a las protestas ciudadanas y la presión internacional, sigue con su estrategia bélica de confrontación, agresión y matanzas indiscriminadas.

Francia sigue sin primer ministro. Desde principios de julio que se hicieron las elecciones, Macron no consigue un acuerdo para nombrar la persona que ostente el cargo de primer ministro. Malas noticias para un país con sólida democracia que parece estar cayendo al abismo.

Otro tanto preocupante ocurre en Reino Unido y el gobierno presidido por Keir Starmer a quien le surgen los problemas como enanos. Ahora su conflicto lo mantiene con los judíos británicos, muchos e influyentes al igual que ocurre en EEUU.

En Alemania las últimas elecciones han supuesto el triunfo de la extrema derecha Alternativa para Alemania, con un éxito histórico desde la II Guerra Mundial. Qué nos depara el futuro europeo cuando el huevo de serpiente ya ha roto el cascarón.

Venezuela sigue siendo un polvorín a punto de estallar en una guerra civil. Sin entregar los resultados electorales, Maduro ha perdido ya toda la razón, si es que le quedaba alguna, y se ha convertido en uno de esos “payasos mesiánicos” dispuesto a romperlo todo. Miles de personas detenidas como medidas represivas.

Y, si faltaba algo, aparece en el panorama político el enfant terrible de Elon Musk, quien ha decidido hacer política a su manera. Admirador de Trump y Milei, se permite plantar cara a la justicia brasileña porque puede y tiene poder económico para ello. Independientemente de entrar en el análisis (que ya no tengo tanto espacio para ello), lo que más me preocupa es el hecho de que un solo hombre reúna tanto poder económico como para poder plantar cara a todo un país como Brasil, a su presidente, a su judicatura, y a quien se ponga por delante. ¿Cómo llamar a esas figuras disruptivas en una democracia?

Todo este escenario múltiple y complejo se sustenta sobre un conflicto humanitario dramático que, no solamente no sabemos resolver de forma colectiva y global, sino que está marcando el ritmo de la política europea con el auge de la extrema derecha: la inmigración.

África es el continente que más crece de forma exponencial en población, que tiene la población más joven de todo el planeta, y que no dispone de recursos suficientes para dar trabajo a toda su juventud que, no solo ve que no tiene oportunidades, sino que, en la mayoría de las ocasiones, malvive entre guerras, represión, dictaduras.

África emigra en grandes oleadas buscando una oportunidad de supervivencia. Y eso está rompiendo las democracias occidentales. Porque todo funciona bien y somos amables cuando el reparto es para “nosotros”, cuando la riqueza es “la nuestra”, pero repartir entre aquellos que son los “otros”, enemigos y adversarios, a los que miramos de reojo y con cierto desprecio, no es lo mismo.

La imagen de todo el verano han sido las pateras con llegada de inmigrantes a nuestras costas, especialmente en Canarias, desbordados sus centros de acogida. Vienen hombres, mujeres, bebés y los llamados “menas”, esos menores que uno no sabe qué hacer con ellos. El colapso es grave y preocupante. Y ni siquiera con un drama humanitario de tal tamaño somos capaces de no hacer demagogia ni populismo.

El problema de la inmigración es el más serio que tiene nuestro mundo. Es un problema de desigualdad creciente. No sirve de nada mirar hacia otro lado, está ahí y seguirá estando. No hay medidas fáciles, no hay soluciones simples, no se debería hacer populismo con ello. No podemos caer en el “buenismo” pero tampoco en el “malismo” más cruel que sea encerrarlos, expulsarlos, matarlos (como alguno propone).

No es fácil, no es fácil, no es fácil. Por eso crece la ultraderecha alimentando el odio y el egoísmo. Hoy prima justamente el voto más egoísta, y se hace sin ningún tipo de vergüenza.

Disculpen que me detenga ya. Necesito un respiro. Ha llegado septiembre.

 

Doctora en Filosofía por la Universidad de Valencia.

Tutora de Sociología en la UNED (Valencia)

Miembro del consejo de redacción de la revista Temas para el Debate, y crítica de libros de la revista Sistema.

Articulista en la revista digital Sistema Digital.

Miembro de las asociaciones literarias Concilyarte y Clave.

Ha codirigido cursos de la UIMP (Valencia)

Miembro de varias ONG Greenpeace, Médicos Sin Fronteras, Cruz Roja, Amnistía Internacional y Fundación Hugo Zárate.

Coordinadora de actos culturales: mesas redondas, presentaciones de libros, encuentros literarios y exposiciones.

Varias publicaciones: artículos de prensa, críticas de libros, artículos de reflexión filosófica, antologías poéticas, novela y ensayo.


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