La máquina del tiempo: ¿desiderátum o realidad?
- Escrito por Hilde Sánchez Morales
- Publicado en Opinión
La idea de viajar en el tiempo ha sido un desiderátum del ser humano, no desdeñada por científicos de primer nivel desde hace años, que cobra carta de naturaleza en la tercera década del siglo XXI. Muchas han sido las películas que han mostrado la extrañeza de hombres y mujeres que retrocediendo o avanzando temporalmente se instalaban en mundos desconocidos, pudiendo intervenir sobre la deriva de sus vidas. Entre otras: ¡Qué bello es vivir! (1946), de Frank Capra, El tiempo en sus manos (1960), de George Pal, Regreso al futuro (1985), de Robert Zemeckis, 12 monos (1995), de Terry Gilliam, o Midnight In Paris (2011), de Woody Allen.
¡Qué extrañeza y zozobra para cualquiera de nosotros encontrarnos en un mercado medieval de la vieja Castilla, utilizando vestimentas ajenas a las actuales, involucrados en conversaciones incomprensibles para nuestro momento histórico y acarreando en un carro tirado por burros una vaca entera si despedazar!
La sabiduría popular dice que “la realidad supera la ficción”, posiblemente sea una afirmación más certeza que nunca, a tenor de los trabajos de unos investigadores del MIT Media Lab, quienes han desarrollado por medio de inteligencia artificial un sistema para establecer conversaciones mediante un chatbot (Future You). A este le han añadido un avatar fotográfico del rostro del usuario, por medio del cual los más jóvenes pueden comunicarse virtualmente consigo mismos, contemplando la deriva de sus vidas con 60 años. Creando una narrativa personalizada al introducir en el modelo datos e informaciones sobre su realidad actual que el programa proyecta hacia el futuro a través de un sistema de lenguaje avanzado.
La máquina del tiempo es todavía una ilusión, si bien Einstein y su teoría de la relatividad, con su visión sobre el tiempo (no inmutable, ni absoluto y vinculado a la velocidad y la gravedad) y el espacio, en conexión con la existencia de los agujeros negros (que distorsionan la interacción entre ambos), abrió expectativas sobre su eventualidad.
Hace cincuenta años la teoría de cuerdas (planteada Jöel Scherk y John Henry Schwarz), aunque con poco respaldo por parte de la comunidad especializada, trazó que todo en el universo, desde la más pequeña partícula al último lugar del espacio está integrado por pequeñas hebras de energía (cuerdas), enlazando la teoría de la relatividad con la física cuántica. Considera que los electrones, fotones y otras partículas se desenvuelven a partir de los fenómenos físicos de la superposición, entrelazamiento e incertidumbre cuánticos. Lo cual hace factible -según teorizaban- la transmisión de información hacia el pasado y el futuro, de igual modo que – hipotéticamente- si llegaran a estabilizarse los conocidos como agujeros de gusano (puentes entre el espacio-tiempo) se antojarían viables estos viajes temporales.
Muchos son los dilemas éticos, efectos sociales y culturales derivados de una máquina del tiempo. Entre los primeros: los conocidos como “efecto mariposa” y “paradoja del abuelo”, relativos a alterar el pasado. Imaginemos lo que supondría modificar acontecimientos históricos, o que un sujeto, trasladándose al pasado asesinara a su abuelo, no procurando el nacimiento de sus padres y por ende el suyo propio. Para resolverlo la teoría de los “universos paralelos” traza que cualquier mutación en este sentido daría lugar a una nueva línea temporal diferente a la originaria. Otra cuestión de hondo calado es quién o quiénes se arrogarían la potestad de tomar decisiones sobre la naturaleza de los cambios. Emergiendo problemáticas como las del respeto a la autonomía histórica o de la responsabilidad, en caso de alterar negativamente la deriva de los acontecimientos. Conduciéndonos ocasionalmente al escenario distópico bosquejado por George Orwell en su famosa novela del año 1949: 1984.
A título individual violentaría nuestros derechos ciudadanos, devendríamos en “marionetas” de quiénes dirigieran el engranaje de esta nueva sociedad global. Todas las disciplinas científicas resultarían afectadas, además de las creencias, las religiones, las ideologías…. Y el ser humano se desenvolvería con niveles extremos de incertidumbre, pues la provisionalidad marcaría el día a día, ocasionando graves disfuncionalidades en el ámbito social y personal. --Un artilugio así daría lugar a un escenario inédito para la Humanidad: a un nuevo ser humano. Perderíamos nuestros anclajes identitarios tradicionales, que construimos en la relación con los otros en un determinado espacio y tiempo.
En este sentido, si se sospecharan próximos los viajes en el tiempo sería preceptivo establecer un marco ético y legal, previa discusión sobre sus beneficios versus riesgos. Estaría en juego nuestra civilización y los logros tan relevantes que hemos alcanzado a lo largo de nuestro devenir en el planeta tierra.
Hilde Sánchez Morales
Nacida en Ingolstadt Donau (Alemania). Doctora en Ciencias Políticas y Sociología. Catedrática de Sociología de la UNED. Es autora de un centenar de publicaciones sobre los impactos sociales de la Biotecnología, exclusión social, personas “sin hogar”, familia, juventud, inmigración, etc.
Es miembro y secretaria del equipo de investigación del Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales (GETS) de la UNED. Ha participado en una treintena de proyectos de investigación. Es evaluadora habitual de revistas de Ciencias Sociales españolas e internacionales.
Desempeña tareas de gestión en la UNED desde el año 1996. Ha sido secretaria del Departamento de Sociología III (Tendencias Sociales) y subdirectora del mismo. Asimismo, coordinadora del Máster en Problemas Sociales y del Programa de Doctorado en Análisis de los Problemas Sociales de la UNED.
En el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ha sido coordinadora y evaluadora de becas dentro del Área científica Ciencias Sociales.
Miembro de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida (1997-2010), vocal de la Comisión de Bioética de la UNED y Vocal Titular del Foro Local de “Personas sin Hogar” del Ayuntamiento de Madrid.